Se celebra este octubre el ciclo 'La segunda escuela poética de Barcelona'
Tras la Escuela de Barcelona, totémica generación poética de los 1950 donde se sitúa a escritores como Gil de Biedma, Carlos Barral o José Agustín Goytisolo, unas jornadas organizadas por la Associació Col·legial d’Escriptors de Catalunya (ACEC) en colaboración con el colectivo literario El Laberint d’Ariadna está poniendo el foco sobre la siguiente generación que floreció a partir de los 1980. En el ciclo La segunda escuela poética de Barcelona, que se celebra este mes de octubre, ya han pasado por las salas del Ateneu Barcelonès algunos de sus miembros: Sergio Gaspar, Jordi Villaronga, Rosa Lentini y Alfonso Alegre Heitzmann. El próximo miércoles 21 de octubre dialogará José Ángel Cilleruelo con Esther Zarraluki. Cerrarán el miércoles 28 José M.ª Micó y Eduardo Moga.
Me pongo al habla con los dos coordinadores del ciclo, el poeta y crítico literario Jorge León Gustà y uno de los miembros de ese grupo poético, Eduardo Moga.
Moga explica que “el objetivo del ciclo es reconocer la existencia, y ayudar a su difusión, de un grupo consolidado de poetas que han vivido y creado en Barcelona, que han recogido y prolongado las mejores tradiciones de la poesía española y europea, que han ofrecido una literatura de gran calidad, y que han dinamizado el mundo literario creando editoriales, revistas o aulas de poesía, entre otras iniciativas, de notable impacto en Catalunya y en España”. Considera que “si algo reúne a los autores del grupo es su conciencia de pertenecer a una generación que otorga una importancia capital a la palabra poética, que convive en un entramado muy fértil de relaciones e influencias mutuas, y que escribe en castellano en Catalunya”.
León Gustà explica que “su actitud respecto al catalán no solo ha sido de respeto, sino de admiración. Muchos de ellos han traducido a poetas catalanes al castellano, lo que ha favorecido la difusión de su obra en el ámbito hispánico: Leveroni, Brossa, Ausiàs March, Jaume Roig, Llull, Màrius Torres, Salvat-Papasseit… Incluso contamos con el caso de Virallonga, poeta bilingüe. En el prólogo que escribió para la antología Por vivir aquí , publicada en el 2003 por la editorial Bartleby, señalaba Manuel Vázquez Montalbán, incluyéndose entre estos autores: “Estamos un tanto en tierra de nadie [...] la Generalitat no nos considera exponentes de la cultura catalana, tampoco el dirigismo cultural español nos acepta”.
Le preguntamos a Gustà si este ciclo quiere ser reivindicativo, y afirma que “no queremos reivindicar más que la propia poesía y la obra de estos autores, a menudo ignorada en Catalunya”.
Al ser una generación que se desarrolla en democracia, su poesía no está tan interesada en el realismo social en el que hurgaban los escritores durante el franquismo y, en todo caso, algunos de los miembros amasan ese realismo con ingredientes como la ironía o la reflexión crítica. También tienden a una mayor indagación metafísica.
Explica Eduardo Moga que “la búsqueda existencial descuella en Sergio Gaspar, Rosa Lentini y en mi propia poesía. Esther Zarraluki ahonda en la intimidad y Alfonso Alegre persigue la iluminación del silencio”. Esa búsqueda interior no elude “el compromiso ético: con la palabra y con una realidad agujereada de incertidumbres”.
León Gustà habla en uno de sus poemas de “componer una escalera que se eleva por encima del caos”. Con lo desquiciado que está el debate político y social, le pregunto de qué material han de ser sus peldaños: “El poema expresa el deseo de alcanzar la armonía. Este deseo lo plasmó el poeta sevillano Fernando de Herrera en un magnífico endecasílabo: “Nací para inflamarme en la pureza”. Pero la vida cotidiana, el caos, no nos permite alcanzarla. Para ello es necesario lograr cierta elevación a través de una escalera compuesta de dos elementos fundamentales: por un lado, el amor y, por otro, la literatura.
Imagen ACEC