Vicente Aleixandre se hace carne
Vicente Aleixandre se hace carne
Alejandro Duque Amusco  08/01/2018



 

En estos días acaba de aparecer la poesía reunida de Vicente Aleixandre, después de 15 años desde sus anteriores completas, que me fueron encomendadas por Visor Libros, en 2001-2002. Es una espléndida noticia que los poemas de Aleixandre vuelvan a ocupar el primer plano de la actualidad y a estar al alcance de los lectores con su hermosa incandescencia y su arrolladora fuerza irracionalista, que parece nacer del fondo de la conciencia verbal. El verbo se hace carne en ella, luz y espíritu.

Gracias al volumen de su obra recién editada, al cuidado de Alejandro Sanz, podemos acercarnos al milagro siempre renovado y, en cierto modo, inacabable de la palabra poética. Alejandro Sanz es conocido activista en defensa de una causa tan justa como la de pretender salvar Velintonia, la casa donde vivió el poeta hasta el fin de sus días, y esta es la primera vez, dentro del aleixandrinismo, que afronta una tarea de estas dimensiones.

El volumen lleva por título Poesía completa y, sin entrar en el tratamiento editorial que estructura la obra, que merecería un comentario aparte más extenso, está lejos de ser todo lo completa que su nombre propone. Porque unas completas han de reunir todos los textos que se conozcan de un autor hasta la fecha de su edición, y cada nueva salida supone, hasta donde ello sea posible, un aumento y una puesta al día de la edición precedente.

Durante los 15 años transcurridos desde las anteriores obras, como hemos dicho, han “aflorado” nuevos poemas de Aleixandre en libros, periódicos o en fondos documentales hoy perfectamente accesibles. Hubieran encontrado en esta Poesía completa su recuperado y necesario espacio. En la Casa Museo de Federico García Lorca se halló el poema ‘La Victoria’ (en dos versiones), con el que el joven poeta deÁmbito se aprestó a colaborar en Papel de Aleluyas, la revista dirigida entre Fernando Villalón, Adriano del Valle y Rogelio Buendía, pero este número previsto para finales de 1928 nunca llegó a salir. El poema viene a corroborar que Aleixandre, recién publicadoÁmbito, planeó durante un tiempo continuar enriqueciendo ese libro con poemas en la misma línea de pureza, una pureza algo cubista, pensando en una segunda edición ampliada, como haría Jorge Guillén con Cántico, de este inicial libro suyo. La violenta irrupción, en 1929, de Pasión de la tierra acabaría con ese proyecto.

En 2007 la prensa madrileña dio a conocer, en forma autógrafa, Memoria para el humo, una prosa poemática desconocida hasta entonces y perteneciente al ciclo de Pasión de la tierra. No se recoge. Como tampoco los dos retratos con los que Aleixandre se sumó a sendos homenajes al rapsoda y actor cántabro Pío Muriedas. Sorprende especialmente no encontrar en estas nuevas completas los poemas titulados ‘Bar El Consuelo’ (que comienza “Él es viejo y ha visto”), ‘En la fiesta de verano’ y ‘Poeta adolescente’, que, a juzgar por su solo título, aventuraríamos que corresponde a Nacimiento último, donde se inscribe el poema neoplatónico ‘El poeta niño’. Estos tres poemas y otros más pertenecían al archivo de José Luis Cano y deberían haber encontrado acomodo en una edición como esta, que pretende actualizar y fijar definitivamente la poesía de Aleixandre.

Para compensar este vacío de investigación, Alejandro Sanz incluye nueve poemas pertenecientes al ciclo de Mundo a solas, cuando, aún en fase de elaboración, se titulaba provisionalmente Violento destino. Sanz no está familiarizado con la letra de Vicente Aleixandre, que, si normalmente es fácil de leer, a veces por su trazo nervioso “puede resultar vacilante y confusa… en aras de la fluidez y rapidez de la escritura”, como explica muy bien Guillermo Carnero. Cada palabra, entonces, se puede convertir en una trampa. Hay que tener experiencia en la transcripción de la grafía para no incurrir en serias distorsiones. Eso no serían erratas, las erratas son fallos involuntarios que escapan a nuestro control, mientras que las lecturas deformadas de un manuscrito son debidas a la impericia y anulan algo tan importante como la veracidad del texto. Un editor no se las puede permitir.

Hasta donde es posible opinar a partir de los autógrafos de Violento destino que la prensa ha reproducido, con mayor o menor nitidez, abundan las lecturas erróneas, que ponen en entredicho la credibilidad de algunos textos que se aportan. Donde Aleixandre ha escrito “Un alma sufre”, el editor lee “Un alma sube”; donde el poeta escribe “un sol que existe”, el editor copia “un sol que excita”; y, en fin, para no alargarnos, “las plumas de un lecho”, imagen muy del gusto de Góngora, pasa a ser en su transcripción “las plumas de un búho”, vocablo este (búho) que jamás utilizó Aleixandre y que supondría un hápax legomenon en su obra.

En declaraciones a la prensa, Alejandro Sanz afirma que él lo que desea es que se vuelva a leer a Aleixandre, pero —agrega— “sin ningún aparato crítico distorsionador”. ¿Hay mayor distorsión que transcribir mal los versos de un autor? Tiene razón Pedro Luis Ibáñez al afirmar que la obra poética de Vicente Aleixandre es su “verdadera Velintonia”. En última instancia, la palabra es y será siempre la casa del poeta. “Casa del ser”, la llamó Heidegger. Quien no la cuida con inmenso respeto, rigor y sabiduría, contribuye, acaso sin saberlo, a la peor de las demoliciones.

Alejandro Duque Amusco
8-1-2018

Artículo publicado en Babelia, suplemento cultural de el diario El País







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