Google, el gran «pirata»
En 2002, Google comenzó a escanear los fondos de cinco grandes bibliotecas de Estados Unidos. En pocos años, la empresa informática había digitalizado 10 millones de libros, 6 de ellos protegidos por derechos de autor. Una de las primeras bibliotecas en facilitar sus títulos fue la de la Universidad de Harvard. La idea de conseguir aunar todo el conocimiento humano y hacerlo accesible a escala universal gratuitamente (ya planteada en 1937 por el escritor H. G. Wells en la colección de ensayos «World Brain») sedujo a los responsables de los mayores fondos bibliográficos del mundo. Creían estar al frente de una revolución cultural sólo comparable a la de la invención de la imprenta.
Sin embargo, pronto surgieron las primeras suspicacias acerca del proyecto. En primer lugar se dudó de su carácter altruista, al tratarse de una gran corporación la que ofrecía sus servicios tecnológicos gratuitamente. En segundo lugar, y el que más controversia ha creado, es el hecho de que buena parte de estos libros todavía estaban sujetos a derechos de autor. Por último, y tras un primer acuerdo entre los autores y el gigante informático, no existía ningún compromiso por parte de éste para garantizar la privacidad de los usuarios de este servicio. Lo que comenzó como el gran proyecto humanista más importante del último siglo (probablemente, el más utópico también) terminó en enfrentamientos judiciales que todavía continúan en activo.
El naufragio del proyecto de la empresa informática denominado Google Library Project es el tema de «Google and the World Brain», un largometraje documental dirigido por Ben Lewis que se presentó ayer en el festival Documenta Madrid –se podrá ver también mañana en la Cineteca–. Rodado en EE UU, China, Japón, Alemania, México, Francia, España y el Reino Unido, la cinta repasa los hitos de este desencuentro entre los autores y Google. «Se trata de un proyecto brillante; hubiera sido fantástico, de hecho, si Google hubiera tenido en cuenta los derechos de autor. Pero no ha sido así. Ha actuado de forma totalmente ilegal», asegura el realizador, que defiende que «el nuevo modelo económico estará basado en la tecnología pero, al mismo tiempo, debe ser sostenible. Lo que ha hecho Google tiene algo de "pirata" porque subir libros a internet sin permiso del dueño de los derechos lo es», añadió.
Tras el entusiasmo inicial, cinco editores norteamericanas y el gremio de autores de EE UU demandaron a Google, que accedió a negociar con los autores. Llegaron a un acuerdo en 2008: pagarían 125 millones de dólares destinados a un fondo para el proyecto, a los autores y tasas legales. Pronto el acuerdo quedó invalidado por el juez Denny Chin porque, entre otras cosas, el pago de esta cantidad le permitía a Google convertirse en los únicos posibles vendedores de los denominados en inglés «orphans» («huérfanos», término aplicado a los libros descatalogados). Éste fue precisamente uno de los argumentos esgrimidos por la Federación de Gremios de Editores de España ante dicho juez cuando los principales países europeos decidieron presentar sus alegaciones al acuerdo tras comprobar que no sólo había autores americanos afectados. La presión internacional se elevó a las más altas esferas institucionales y los jefes de Estado se unieron a su reivindicación: «En la digitalización de libros de Google tiene que haber espacio para los derechos de autor. Por eso nos oponemos a ello», sentenció la canciller Angela Merkel. «No permitiremos que una gran corporación nos robe nuestra herencia cultural», fueron las palabras de Nicolas Sarkozy según aparecen en este documental.
Uno de los muchos autores españoles afectados por esta digitalización masiva fue Lorenzo Silva, quien cree que «en los casos de obras de dominio público, el proyecto es maravilloso. La diferencia sustancial surge con toda aquella creación en la que los derechos de autor están protegidos. No conozco el caso de ningún país en el que los hayan obviado», explica el escritor, que cuenta que su novela «La sustancia interior» está en Google Books mientras que nunca cedió sus derechos digitales. «Tengo cosas mejores que hacer que demandar a Google. Además, en Francia y Alemania la protección es mucho mayor. Aquí veo lo contrario», asegura Silva, una opinión que comparte el director de «Google and the World Brain», que opina que «la protección de los autores en la actualidad no es suficiente. No creo en perseguir al usuario; lo que hay que hacer es forzar que estos materiales no se suban a internet sin permiso».
Una vez invalidado en marzo de 2011 judicialmente el acuerdo entre el gigante informático (cuya participación fue voluntariamente mínima en la cinta) y los autores, ¿en qué punto se encuentra el proyecto? «Este contencioso lleva 7 años abierto –asegura Cedro, el Centro Español de Derechos Reprográgicos–. En la actualidad es imposible saber qué libros sujetos a derechos están disponibles en la web», añade un portavoz. Por su parte, Google ha firmado acuerdos individuales con muchos editores para reproducir parte de sus libros on-line, mientras continúa el proceso de escaneo de obras de dominio público, pero su proyecto faraónico de librería universal está, en efecto, parado. En la actualidad, sobre el gigante informático pesa una demanda de los autores estadounidenses de más de dos mil millones por daños al haber escaneado libros protegidos.
«Esta cinta muestra cómo internet, además de traernos numerosos beneficios innegables, simultáneamente socava nuestras libertades civiles, derechos humanos y el libre mercado, además de concentrar poder y riqueza en manos de nuevos monopolios sobre los que tenemos poca influencia». Ésta es la tesis expuesta en un documental que apela al espectador a tomar partido en el que Lewis denomina una encrucijada: «Podemos actuar para asegurar que toda la información y conocimiento que nos ofrece internet esté a nuestro servicio, o bien convertirnos en consumidores pasivos y esperar a que dicha información nos controle a nosotros».
Laura Seoane
La Razón, 7 de mayo de 2013
Un juez prohíbe a la UAB colgar en su web fragmentos de libros para los alumnos
Un juzgado de Barcelona
ha obligado a la Universidad
Autónoma de Barcelona (UAB) a retirar de su portal digital
todos los ficheros que pongan a disposición de los alumnos obras o fragmentos de libros protegidos por la asociación de gestión de derechos de
autor Cedro.
En una sentencia, el juzgado
mercantil número 2 de Barcelona estima la demanda presentada por la entidad
Centro Español de Derechos Reprográficos (Cedro) contra la Universidad
Autónoma, por considerar que vulnera el derecho a la propiedad intelectual de
los autores a los que la asociación representa.
La sentencia obliga a la UAB a
retirar de su campus virtual los textos que, de forma parcial y en ocasiones
total, ofrece a los alumnos para su descarga directa. Esos ficheros con
reproducciones de manuales o libros académicos están a disposición de los
estudiantes en el espacio virtual que abre cada profesor con los materiales
relacionados con su asignatura, lo que incluye apuntes de clase, presentaciones
o fragmentos de obras protegidas.
En opinión del juez, la
actuación de la UAB no puede quedar amparada por la libertad de cátedra, dado
que "los derechos tienen sus límites y esos no son otros, en este caso,
que los derechos de los autores y los editores".
Por ese motivo, la sentencia
concluye que, con su práctica, la UAB vulnera la legislación sobre propiedad
intelectual y da un plazo de quince días al centro para que borre de su campus
virtual todos los ficheros o contenidos digitales relacionados con obras de
Cedro.
El juez obliga también a la
UAB a pagar a Cedro los cerca de 15.000 euros que gastó en la investigación del
caso y a indemnizarla con una cantidad correspondiente a 5 euros por alumno y
año matriculado, lo que podría ascender a 238.575 euros en un ejercicio, hasta
que la sentencia sea firme.
C edro, que en un comunicado
ha lamentado que la UAB rechazara sus repetidas invitaciones para que
regularizara la reproducción de las obras de su repertorio, ha presentado
demandas similares contra la Universidad Carlos III de Madrid y la Universidad
de Barcelona (UB), ha informado la entidad en un comunicado.
Efe
LaVanguardia.com, 5 de mayo de 2013
El Reino Unido estudia compensar a los autores por el préstamo bibliotecario
El gobierno del Reino Unido se está pensando seriamente compensar a los autores cuyos ebooks se presten en una biblioteca pública. La idea es que los autores y editores reciban regalías cada vez que un libro electrónico se preste desde uno de estos centros.
Los editores han manifestado su nerviosismo a la hora de aplicar el mismo modelo de venta de libros en formato papel a sus “hermanos digitales” cuando sus clientes son las bibliotecas públicas, comenta el ministro de cultura británico Ed Vaizey, en un artículo publicado en GoodeReader que firma Michael Kozlowski.
Cualquier socio de una biblioteca puede descargarse un ebook en su dispositivo electrónico a través de internet sin tener que visitar el edificio. Los editores y libreros temen que sea demasiado sencillo que se puedan prestar los libros de forma gratuita, y que esto lleve a que los usuarios no tengan la necesidad de comprar ninguno.
Kozlowski señala que al parecer el gobierno del Reino Unido está tomándose muy en serio el tema de los ebooks digitales en la biblioteca. Añade que en esencia este informe, que el gobierno británico hizo público en marzo de 2013, dice que los usuarios no deberían de tener que pagar una cantidad extra para descargarse los ebooks y que podrían hacerlo de forma remota. El resto de hace especial hincapié en la semántica de distribución de audio y vídeo y cómo esta forma parte de los servicios tradicionales de las bibliotecas públicas.
Redacción
LecturaLab, 2 de mayo de 2013
La lectura juega en la primera división inglesa
Un
informe presentado por The National Literacy Trust de su programa Premier League Reading Stars ha demostrado que
más de la mitad de sus participantes mejoraron sus habilidades lectoras el
equivalente a medio año de curso académico y un diecisiete por ciento casi un
año. Esta iniciativa en la que se unen la lectura y la pasión por el fútbol
parece ser todo un éxito en el Reino Unido.
Según
informa Charlotte Williams en un artículo publicado en The
Bookseller, esta investigación se realizó con treinta y cuatro mil jóvenes
que no eran muy aficionados a la lectura pero unos auténticos fanáticos del
deporte rey. Participaron más de cuatrocientas setenta escuelas primarias,
doscientas treinta y dos secundarias, treinta y una bibliotecas y quince clubes
de fútbol. El treinta y dos por ciento de los niños que participaron –añade la
periodista–, pertenece a familias con ingresos bajos.
Terminado
el proceso, que duró aproximadamente diez semanas –explica Williams– un
cincuenta y seis por ciento mejoró sus aptitudes lectoras lo que
equivaldría a seis meses de curso. Seis de cada diez niños –añade– leyeron más
en su tiempo libre y un setenta y seis por ciento reconocieron que disfrutaban
más de la lectura y que esta iniciativa les había animado a leer libros sobre
sus jugadores favoritos.
Este
programa ha contado con el respaldo de la Premier League inglesa y el Arts
Council England. Veinte jugadores de primera división establecieron cinco
desafíos de alfabetización. Por su parte profesores, bibliotecarios y
entrenadores también impartieron diez sesiones de alfabetización sobre el
fútbol.
Se
espera que a finales de este mes de se a conocer el programa para 2013.
Redacción
LecturaLab.org, 6 de mayo de 2013
Los libros electrónicos aumentan tanto en EEUU como en Gran Bretaña
Según los últimos datos el libro electrónico va por buen camino en los dos países de mayor consumo editorial: EEUU y Gran Bretaña. Simba información, firma especializada en investigación del mercado de la edición y los medios de comunicación, acaba de publicar el informe “Trade E-Book Publishing” donde se asegura que los usuarios de libros electrónicos se consolidaron en 50 millones de adultos durante 2012. En Gran Bretaña la Asociación de Editores confirma que las descargas de eBooks crecieron un 66% durante el pasado año.
Los británicos gastaron en 2012 un total de 3,3 billones de libras en libros impresos y digitales. El director general de la Publishers Association, Richard Mollet, ha manifestado que “la industria editorial británica está sana y continua creciendo”, de hecho las ventas de ficción en formato digital crecieron un 149%, acaparando el 12% del total de libros vendidos en 2012. La clave del éxito en el mundo digital, asegura Mollet, es “tener los libros listos para ser leídos en cualquier dispositivo o plataforma”.
Por su parte el director de Simba, Michael Norris, confirmó que en la última edición del estudio sobre Estados Unidos, “se va a poder comprobar que la diferencia entre usuarios y compradores de libros electrónicos es más amplia de lo que se esperaba”. También se muestra en el estudio que no por tener soportes electrónicos se accede en mayor medida a los eBooks, ya que el 63% de los propietarios de teléfonos inteligentes, el 48% de propietarios de iPad y el 40% de propietarios de otras tabletas diferentes al iPad no utilizan libros electrónicos.
Redacción
Delibros, 7 de mayo de 2013
La crisis es una fértil fuente de enriquecimiento de la lengua española
La crisis está siendo "una fértil fuente de enriquecimiento de la lengua española", con la incorporación de ingresos léxicos, de nuevas palabras y la recuperación de otras, lo que permite "crear lenguaje", ha afirmado hoy en Logroño el director de la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA), Joaquín Müller.
El consejero de Cultura riojano, Gonzalo Capellán, Müller y la coordinadora de la Fundación San Millán de la Cogolla, Almudena Martínez, han presentado el VIII Seminario Internacional de Lengua y Periodismo, que inaugurará la Princesa de Asturias el próximo día 16 en San Millán de la Cogolla (La Rioja) y que versará sobre El lenguaje de la crisis.
"Podemos decir que, mientras que golpea duramente a nuestra sociedad, la crisis, a la que ya no ponemos apellido, enriquece enormemente nuestra habla", ha subrayado Müller, para quien la "omnipresencia" de la crisis en la vida de los ciudadanos hace que su influencia en el lenguaje sea de una "gran magnitud".
Se ha referido a que la necesidad de ponerle nombre a nuevas situaciones y acciones, que se desencadenan a gran velocidad, y de explicarlas, de una manera clara o de suavizarlas para que no lleguen al ciudadano de una forma abrupta, obliga a los políticos, a los economistas y a los periodistas a "agudizar el ingenio y a inventar o recuperar palabras".
Ha insistido en que "la crisis está creando lenguaje" y "enriquece el habla", lo que ha constatado la Fundéu durante los últimos doce meses, dado que ha observado la urgencia con la que los periodistas están poniendo nombre a las cosas y, en algunos casos, resuelven de una manera acertada y, en otros, lo hacen "inventando sobre la marcha".
Efe
LaVanguardia.com, 8 de mayo de 2013
L'IEC diu que la denominació LAPAO és contrària al sentit comú i a la convenció científica
La Secció Filològica de l'Institut d'Estudis Catalans (IEC) ha criticat aquest dimecres les noves disposicions legals aprovades per les corts aragoneses per anomenar a l'aragonès LAPAO (Llengua Aragonesa Pròpia de l'Àrea Oriental) i al català oriental LAPAPYP (Llengua Aragonesa Pròpia de les Àrees Pirinenca i Prepirinenca ). Al parer de la institució, aquestes sigles són "confusos circumloquis" sobre el nom de les llengües i són contràries al "sentit comú i a la convenció científica". Així doncs, l'IEC assegura que "en cap cas no es pot considerar" que ambdues sigles siguin noms d'idioma, i afegeix, "com tampoc ho seria LAOE (llengua aragonesa oficial de l'Estat)".
ACN
Vilaweb, 8 de maig de 2013
Utilidad social y económica de las entidades de gestión colectiva
Utilidad social y económica de las entidades de gestión colectiva
Los os titulares de derechos de propiedad intelectual pueden optar por una gestión individualizada de sus derechos o por autorizar a las organizaciones de gestión colectiva para controlar el uso que se hace de sus obras y prestaciones, negociar con los posibles usuarios, concederles licencias no exclusivas a cambio de una remuneración adecuada basada en un sistema de tarifas y, dadas las condiciones adecuadas, recaudar dicha remuneración y distribuirla entre los titulares de derechos de acuerdo con los criterios fijados en sus estatutos. En situaciones concretas el legislador establece un sistema de gestión colectiva obligatoria de determinados derechos (derechos de mera remuneración y de compensación equitativa y algunos derechos exclusivos), sin recabar previa autorización de los titulares. Este último modelo ha sido muy discutido por quienes abogan por una menor intervención de las entidades de gestión colectiva y un mayor protagonismo de la negociación y concesión individual de licencias, aprovechando las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías.
Resulta muy difícil la gestión individualizada de autorizaciones para actos secundarios de uso o explotación de obras y prestaciones afines, que tienen lugar a partir de actos de obras y prestaciones divulgadas anteriormente mediante actos de explotación primaria (edición y venta de libros u otras publicaciones, discos, vídeos, exhibición de películas, etc.). En unos casos, estos actos secundarios de explotación o uso quedarán bajo la cobertura del derecho exclusivo de los titulares de derechos, pero la gestión colectiva resulta prácticamente obligada (como sucede con la reprografía y escaneado de libros y otras publicaciones, con su inclusión en base de datos y con su transmisión en redes internas cerradas de empresas o instituciones públicas), pues la multiplicidad de usuarios y la forma de explotación (explotación indiscriminada de un conjunto indeterminado de contenidos) hace inasumibles los costes de transacción o negociación para los titulares de derechos y para los propios usuarios comerciales (copisterías, bibliotecas, centros educativos, corporaciones profesionales, empresas, etc.). En otros, la Ley sustituye el régimen de derecho exclusivo por derechos de mera remuneración o de compensación equitativas cuya gestión se encomienda directamente a las entidades de gestión colectiva (comunicación pública en establecimientos abiertos al público, alquiler y proyección en lugares públicos o la puesta a disposición en línea de copias de obras audiovisuales, copia privada, préstamo público en bibliotecas...). El caso es que en todas estas situaciones la gestión colectiva resulta a priori más eficiente desde el punto de vista económico y social que la gestión individual, tanto desde el punto de vista de los titulares de derechos como desde la perspectiva de los usuarios; y tanto más si existe una única entidad de gestión por sector de referencia en el mercado de derechos, pues la introducción de competencia autorizando nuevas entidades podría provocar un cúmulo insalvable de ineficiencias en detrimento de los intereses de los usuarios.
Así pues, la gestión colectiva se impone en muchas situaciones, de iure o de facto, ofreciendo por igual ventajas apreciables a los titulares de derechos y a los usuarios comerciales y finales de contenidos. A los primeros les permite obtener un retorno económico por los actos de explotación de sus obras y prestaciones que difícilmente podrían gestionar directa y personalmente. A los segundos les facilita el acceso de forma sencilla a las obras y prestaciones que necesitan a través de una ventanilla única, simplificando las negociaciones, la liquidación y la recaudación de las remuneraciones —reduciendo así los costes de transacción— y garantizando dicho acceso en tanto en cuanto la ley obliga a las entidades de gestión colectiva a contratar con quien lo solicite, salvo motivo justificado (que deberá interpretarse siempre de forma restrictiva), la concesión de autorizaciones no exclusivas en condiciones razonables y bajo remuneración, así como a establecer tarifas generales que determinen la remuneración exigida por la utilización de su repertorio y a celebrar contratos generales con asociaciones de usuarios de su repertorio (artículo 157 de la Ley de Propiedad Intelectual).
Con ello la gestión colectiva se erige en factor de equilibrio entre los intereses de la propiedad y los intereses del acceso. En definitiva, frente a la moda de criticar los modelos de gestión colectiva obligatoria e incluso la misma existencia de entidades de gestión colectiva, la razón económica y social de la propiedad intelectual (favorecer la competencia en los mercados creados en torno al uso de contenidos protegidos y favorecer el acceso de los usuarios finales a tales contenidos) aconseja no solo mantener, sino incluso incrementar la gestión colectiva imponiendo la gestión colectiva obligatoria en algunos límites que reconocen una remuneración equitativa indeterminada.
Fernando Carbajo
Cedro.org, 6 de mayo de 2013
¿Quién asesinó al diccionario?
Antes que nada, una pinceladas de historia. En 1985, Grolier, una de las más importantes editoras mundiales de enciclopedias, publicaba la primera obra de consulta en CD-ROM. Solo ofrecía el texto reducido de la Academic American Encyclopaedia, con unas 30.000 entradas, pero supuso una revolución.
Cuatro años después, en 1989, Comptons desarrolló la primera enciclopedia multimedia –con gráficos e imágenes–, en colaboración con la Encyclopaedia Britannica, un referente internacional desde el siglo XVIII. Microsoft presentó en 1993 su propia enciclopedia en CD-ROM, la popular Encarta, que dejó de fabricarse en 2009.
Abro un paréntesis. Un chascarrillo empresarial. No es un muy conocido que, a principios de la década de 1980, Bill Gates se dirigió a los responsables de la Britannica para ofrecerles su colaboración. Los ingleses arrugaron la nariz y rechazaron la oferta del advenedizo norteamericano. ¿Una enciclopedia en disco? ¡Por Dios!
¿Quién podía imaginarse entonces el desarrollo posterior de las obras de consulta digitales? La versión inglesa de la Wikipedia incluye hoy más de cuatro millones de artículos y la española pronto llegará al millón. La Gran Enciclopedia Planeta, la última gran obra de referencia impresa en castellano, ofrece 145.000 entradas. Un abismo.
Puestos en la Gran Enciclopedia Planeta –heredera de la famosa Larousse–, Editorial Planeta Grandes Publicaciones ha dejado de imprimirla. En 2014 publicará el último volumen de su actualización anual en papel. Mientras tanto, ha facilitado a sus clientes el acceso a una enciclopedia online. La próxima semana, el presidente del Grupo Planeta, José Manuel Lara, presentará un nuevo megaproyecto digital que, aseguran, puede dar un vuelco al mercado español de obras educativas. Veremos. Hay nervios en la competencia.
El caso de Planeta no es único. Los directivos de la Encyclopaedia Britannica han anunciado que su edición de 2010 sería la última en papel, tras más de 240 años de historia. En 2005, protagonizaron un desagradable intercambio de acusaciones con la revista Nature, que evaluó artículos científicos de la Britannica y de la Wikipedia sin hallar excesivas diferencias entre ambas. Un golpe mortal para una obra que se vendía a unos 2.000 euros.
El acceso libre a diccionarios online muy completos ha dinamitado el sector. MacMillan, uno de los mayores grupos editoriales del mundo, también ha anunciado que, desde este año, dejará de imprimir sus famosos diccionarios de inglés y desarrollará sus productos en red.
"El formato de libro tradicional limita las obras de referencia", asegura Michael Rundell, su editor jefe. "Los libros quedan desactualizados en cuanto se imprimen y las limitaciones de espacio ponen en riesgo nuestros objetivos de claridad y exhaustividad”.
Los responsables de diccionario Oxford, considerado con sus 600.000 entradas el más completo del mundo, tampoco piensan en el papel para su próxima edición, prevista para esta década.
En España, en 2014 se publicará la 24.ª edición del Diccionario de la Real Academia con la que se conmemorará, de paso, el 250.º aniversario de la institución. ¿Será también la última en papel? Probablemente.
Hace dos años se celebró en Eslovenia el eLEX –una bienal sobre lexicografía electrónica– cuyo tema central fue un debate sobre el futuro de las enciclopedias y de los diccionarios. Se habló, sobre todo, de las herramientas de referencia en línea y de los llamados UGC –por el nombre en inglés de Contenidos Generados por los Usuarios–.
Las herramientas de referencia online son cada vez más completas y perfectas. Acompañan al usuario cuando escribe, corrigen sus errores, proponen alternativas y ya hay programas en fase experimental que son capaces de detectar la mala colocación de una palabra en su contexto. Además, los sistemas aprenden de lo que los usuarios hacen y escriben.
Usuarios. Esa es la palabra mágica. Los usuarios van construyendo las nuevas obras de referencia. Basta con un equipo de editores para supervisar el trabajo de esos voluntarios. Wikipedia es el ejemplo más conocido pero hay muchos más. Wordnik, por citar uno, es un potente diccionario online construido, en buena parte, por los propios usuarios; ofrece casi mil millones de ejemplos de frases y siete millones de definiciones. Pagar ese trabajo a expertos lexicógrafos supondría un dineral al que muchas editoriales no podrían hacer frente.
La viabilidad económica de estas nuevas obras de consulta es harina de otro costal. La publicidad, las donaciones y las suscripciones Premium son, de momento, las salidas más socorridas. Tampoco está muy claro qué pasará en unos años, cuando el furor del voluntarismo mengüe y haya menos gente dispuesta a trabajar por la cara o disminuya la calidad de sus aportaciones.
El hecho de que las obras de referencia más importantes dejen la imprenta y se estén pasando a Internet plantea dilemas cuanto menos interesantes. Acongojantes –por ser fino–, si nos ponemos en plan apocalíptico.
Umberto Eco, pensador y escritor italiano de prestigio mundial, fue quién levantó la perdiz con la publicación de No esperéis libraros de los libros.
"Desde luego", comentó Eco en una entrevista, "si tuviera que dejar un mensaje de futuro para la humanidad, lo haría en un libro en papel y no en un disquete electrónico. He visitado la Biblioteca Nacional y he visto libros que tienen 500 años de antigüedad. Si además considero los manuscritos, he contemplado ejemplares escritos hace 1.000 años. Ahora bien, no sabemos cuánto puede durar un disquete de ordenador. Los llamados discos flexibles han muerto antes de agotar su capacidad de almacenamiento de datos.”
Si en un futuro más o menos lejano un cataclismo –¡toquemos madera!– limitara o impidiera el acceso a los datos colgados en la nube, buena parte de los conocimientos actuales se perderá para siempre. Nuestro presente se quedaría en el limbo. Digital, eso sí.
José Luis Ibáñez Ridao
ZoomNews.com, 26 de abril de 2013
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