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Quim Monzó Premi d'Honor de les Lletres Catalanes
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Quim Monzó Premi d'Honor de les Lletres Catalanes
DAVID CASTILLO  08/03/2018



Q uim Monzó nos animó la rueda de prensa mostrándose expansivo y ocurrente a pesar de la cara de perplejidad, de una cierta incomodidad ante tantos periodistas. También porque hace vida de eremita, con una disciplina que lo hace madrugar a las seis y media, “levantarse con una pereza enorme –pero lo hago–, me ducho, vuelvo a la cama y me visto lentamente y viajo con el ordenador portátil hacia el estudio donde trabajo”. Antes lo hacía hacia el piso de sus padres al barrio de las Corts, cerca del Camp Nou, donde conocía los bares con los bocatas más buenos. Los que hemos tenido la suerte de conocerlo sabemos que tiene un directo espectacular, tanto se puede fijar en el diseño del reloj de la pared como quejarse amargamente de la silla donde está sentado: “Si conociera el diseñador, le rompería las piernas.”

Fue divertido cuando le preguntamos si escribía ficción, a lo cual respondió que esto “son cuestiones tan personales como decir con quienes te  vas a la cama. A nadie le importa”. Repitió que había declarado que dejaba de publicar mientras no se solucionara el tema de la piratería: “Estoy hasta los ''pebrots'' de los piratas”, pero sin dar ninguna pista, sólo descartando la posibilidad de escribir unas memorias. Recordó lo que Pere Calders decía sobre el tema: “No las escribo porque todavía recuerdo demasiadas cosas.”

Bromas a parte, explicó que una persona escribe cosas, pero que desde la dificultad “de escribir una columna diaria sin hablar de política. Cuando intentas hacer columnas sobre la vacuidad o sobre por qué este vaso no es redondo sino que tiene una forma geométrica peculiar, requiere un tiempo más lento de cocción. Y esto también es literatura. Me hace gracia cuando te colocan la etiqueta de escritor y periodista. Es cómo si dijeran de Cristiano Ronaldo que es futbolista y deportista.

Volveré a publicar narrativa? No lo sé. Quizás tengo que dejar algo para los herederos, que encuentren libros inéditos, manuscritos al fin y al cabo de un cajón. También os tengo que decir que algún día te encuentras unas hojas dentro de una carpeta y te das cuenta que tienes un libro medio hecho. Generalmente no tienes la sensación de escribir un libro sino que tú vas escribiendo porque no lo puedes evitar. Un día pueden aparecer unas carpetas a la pantalla del ordenador que sean lo suficientemente  gruesas como para hacer un libro.”

Ayer, cuando le preguntaron qué escritor era su favorito, se lo pensó antes de decir que le gustaba el argentino César Aira, “una maravilla”. También recordó cuando vació su biblioteca después de no conseguir que le vinieran a buscar los libros desde bibliotecas con el pretexto de que “los tendrían que catalogar”.

A propósito de la huelga feminista de hoy, uno de los periodistas le preguntó sobre qué aportaban las mujeres al panorama actual. Después de pensarlo y contestar con una pregunta, chutó: “Es un imaginario que responde al tiempo que estamos viviendo. En cada época las mujeres han hablado de lo que nos rodeaba. Los escritores y las escritoras de ahora no hacen nada diferente de lo que hacían Virginia Woolf o Anaïs Nin. No entiendo como Anaïs Nin no es de lectura obligatoria para la juventud de hoy.”

David Castillo
Artículo publicado en el diario Avui

 




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