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Mercedes Abad: «Si viviera en el paraíso no habría podido escribir mi último libro» La escritora regresa a la narrativa de ficción con su nuevo trabajo
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Mercedes Abad: «Si viviera en el paraíso no habría podido escribir mi último libro» La escritora regresa a la narrativa de ficción con su nuevo trabajo
ACEC  28/7/2020



H acía varios años que Mercedes Abad no nos presentaba un nuevo libro. La autora publica estos días «Casa en venta», en Páginas de Espuma, una obra protagonizada por una casa que habla con voz propia de cuanto ocurre en su interior, todo ello con ilustraciones de Álvaro Ardévol.

–Hacía bastante que no publicaba.
–Desde «La niña gorda» en 2014, lo que no significa que no escriba porque escribo bastante cuando las clases me dan tiempo, como los veranos que son largos. Estaba detrás de un libro sobre mi padre porque durante la promoción de «La niña gorda» mucha gente me dijo que había escrito sobre la figura de la madre, pero no aparecía en ningún momento la del padre. Me preguntaban que por qué nunca escribía sobre mi padre. Me sentía culpable y rara sobre eso. Así que emprendí la tarea de escribir un libro sobre mi padre.

–Pero finalmente no fue así.
–Iba fracasando en cada intento. Flavia Company me ha dicho que he conseguido volver a escribir un libro sobre mi madre. Pero yo pensaba que «Casa en venta» era lo que más se acercaba a un homenaje a mi padre porque él era constructor. Me pasé la infancia pululando por edificios en construcción. Así que ser una casa, ponerme en el lugar de una casa estaba en mi inconsciente.

–Tiene una fascinación por escribir sobre edificios. Pensaba en su novela «El vecino de abajo».
–Sí, exacto. Además me di cuenta que hace tiempo entré en Instagram para seguir a amigos que cuelgan fotos y para no estar fuera de juego. Lo que hice para mi perfil fueron fotos de derribos o de edificios en ruinas. Uno de ellos es la actual tienda de Mango que hay al lado del Ateneu Barcelonès. Fui viendo el derribo por dentro de ese edificio hasta convertirse en la tienda de ropa que es hoy. La fachada actual se mantuvo pero se derribó todo el contenido. Así que toda esa fascinación que me viene por tradición familiar hacia las casas en construcción, forma parte de mi ADN. Todo eso está en «Casa en venta».

–No le voy a preguntar si tiene algo autobiográfico.
–Todas las obras son una extraña mezcla químicamente impura de realidad y ficción.Absolutamente todas, aunque no seas conscientes. En este libro, aunque obviamente la historia sea enteramente ficción, hay muchos elementos autobiográficos, como es la zona en la que escribo. Podría decir que vivo en un lugar glamuroso como Palm Beach, pero, sin embargo, aquí detrás están las vías del tren, un vertedero asqueroso donde hay basuras y ratas... Es una mezcla urbanística de lo más incongruente. De ahí salen las cosas más interesantes. Si viviera en el paraíso no saldría esta historia.

–En el libro no indica geográficamente dónde transcurre la historia, aunque por la portada podemos intuir que es el litoral de Badalona. Lo que sí señala es la marco temporal incluyendo un guiño a Rosalía.
–Sí, en el momento en el que suena «Malamente». Son esas cositas que fechan sutilmente. Antes me hablaba de «El vecino de abajo» y allí no hay ninguna indicación de que transcurra en Barcelona. No soy una escritora realista y no me gusta enmarcar geográficamente, acotar los lugares donde sucede algo. Pero sí sutilmente dar cuatro toques para quien conozca el lugar sepa dónde está. Con la época es igual porque tiro más a la fábula que al relato realista.

–Establece en el libro un paralelismo entre la casa y sus ocupantes a los que llama los Formidables.
–En mis primera notas la historia la explicaba ella, la Formidable. Pero cuando se me ocurrió que fuera la casa pasó ella a ser la protagonista. Ellos son un avatar de la casa. Por eso el final es abierto que acaba con un elemento inicial: la vida continua.

–¿Cómo ha sido el proceso de trabajar con Álvaro Ardevol?
–Trabajé en el texto desde finales de junio y entregué en noviembre a Juan Casamayor, mi editor. Álvaro trabajó en las ilustraciones sin enseñarme lo que hacía. No intervine en ese proceso. Cuando me las enseñó quedé muy sorprendida porque ha transmitido muy bien el punto de vista de la casa. Se ha producido ese milagro en el que el ilustrador entiende perfectamente desde que ángulo trabajar.


Víctor Fernández
La Razón




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