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Escritores en comisaría
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Escritores en comisaría
ACEC  16/8/2022



L lego a la Comisaría de Mossos de Les Corts, un edificio geométrico de ventanas estrechas donde tiene los despachos la dirección general de nuestra policía. Me sale a recibir el agente Dani Pérez con una sonrisa amable que hace que el lugar parezca más cálido y pasamos el control de puerta. Me da una vuelta por el edificio, un laberinto de dependencias austeras de varios pisos de altura donde están la Oficina de Atención al Ciudadano, grupos como el de Estafas, Investigación criminal o Asuntos Internos.

El departamento de comunicación es una estancia pequeña llena de ordenadores con esa electricidad que tienen las redacciones. En la sala de lo que ellos llaman el “briefing”, el reparto de tareas al inicio de cada turno, nos reunimos con su jefe, el caporal Quim Estrada .

Su función es comunicar a la ciudadanía las actividades de los Mossos d’Esquadra, llevar las redes sociales y responder a las peticiones de los medios (alrededor de 5.000 al año), pero me ha llamado la atención que también atiendan a cineastas o escritores que solicitan información. 

Le pregunto si se le quedan los ojos como platos cuando ve las barbaridades que aparecen en películas y libros, pero sonríe amablemente: “Licencias creativas se pueden tomar tantas como se quieran y está bien que se haga. Si explicaras la realidad de una investigación al pie de la letra, con las horas de visionados de cámaras, las comprobaciones, los oficios en el juzgado… los espectadores se dormirían. Pero sí es verdad que cuando no hay un mínimo de rigor ves cosas que te chirrían”.

Explican una serie en la que un policía entra con chulería en el despacho de una jueza, le pide de malas maneras unas escuchas y, cuando no se lo concede, sale dando un portazo… “Las cosas no funcionan así, si un juez no concede unas escuchas, lo que haces es retirarte y regresar a solicitarlo con más pruebas o una mejor argumentación”. O una serie de intriga como Inocente en Netflix: “La ambientan en la Barcelona actual ¡y los policías que aparecen no son Mossos d’Esquadra!”. 

Su ojo está entrenado para ver todo tipo de gazapos, como una serie de TV3 donde los Mossos llevaban los galones en el uniforme cosidos al revés. Eso sí, se congratulan del rigor de una serie como Crims.cat que trabaja sobre crímenes reales: “Está ayudando a dar una visión más humana del policía”.

Le pregunto por la mayor diferencia a la hora de contar una investigación en la ficción respecto a la realidad: “Tal vez la personalización de la investigación en la literatura o el cine. Muestran un investigador que lo lleva todo, día y noche, que hace desde la vigilancia de sospechosos hasta las encuestas a los testigos. En la realidad los investigadores tienen vidas normales y se trabaja en equipo. Se hacen turnos de mañana, tarde y noche”.

Dani Pérez cree que “el público tiene una idea más romántica de la profesión, bombardeada por esa visión americana del superdetective en Hollywood” y Estrada apunta que “también es verdad que la policía americana tiene otros límites muy distintos a los nuestros”.

Les llegan escritores curtidos que van a consultar aspectos específicos: “Te preguntan si un sargento puede ser jefe de un grupo de investigación o si es necesaria siempre la presencia del juez en el levantamiento de un cadáver. Lo que no explicamos son técnicas de investigación específicas”. También les llegan otros más verdes. “A alguno hay que señalarle que no es igual ambientar una vigilancia en Barcelona que en un pueblo minúsculo del Pirineo, que en cuanto entra el coche de los Mossos, aunque no sea logotipado, se dan cuenta enseguida”. 

Y no faltan los indecisos: “Alguno te viene a preguntar si la idea que tiene en la cabeza, casi siempre un crimen complejo, resulta un caso disparatado. Y nosotros le respondemos: ¡Depende cómo lo expliques! Si hace un tiempo un escritor hubiese ido a un editor con el relato de un caso como el del crimen de la guardia urbana juzgado en 2020, tal vez se lo habrían rechazado por inverosímil”. 

Me explican que “estamos en una media de 60 homicidios al año en Catalunya” y hay un dato crucial para los contadores de historias: “En muchos de esos casos interviene el elemento pasional”.


Antonio Iturbe - La Vanguardia




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