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Traducción, tradición y amistad
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Traducción, tradición y amistad
ACEC  5/12/2022



H ace unos años pronuncié una conferencia (en Palm Springs, por más señas) de insufrible petulancia: «Lo que mis autores hicieron por mí y lo que yo hice por ellos (Thomas Bernhard, Franz Kafka, Bertolt Brecht, Günter Grass, William Faulkner, Henry Roth, Allan Garganus, Salman Rushdie, Michael Ende)».

¿Cómo que mis autores? ¿Quién era yo? Hoy hubiera añadido a la lista a Emine Sevgi Özdamar, la inolvidable turca de 'La vida es un caravasar' (Tiene dos puertas: por una de ellas entré, por la otra salí), que sigue siendo mi amiga y a la que acaban de otorgar, muy merecidamente, el premio Büchner a la mejor literatura alemana.


En realidad, el trabajo de cualquier traductor literario español tiene que dirigirse primero a entender el inglés con que, diariamente transcrito y mal pronunciado, lo inunda la prensa española. Se supone que habrá de utilizar esas palabras bastardas en cuanto sean formalmente adoptadas, y que sólo después podrá dirigir su atención al texto original que tenga entre manos.

Encaríñese usted con su texto y con su autor. Intente averiguar lo que realmente quiso decir

Nunca ha habido tantas posibilidades para traducir bien. La inteligencia artificial acecha y -según se dice- hay dos o tres sistemas en la Red que hacen la labor rematadamente bien. Me permito disentir. Esos sistemas facilitan el trabajo, pero siguen produciendo resultados tan defectuosos y obtusos como sus creadores. No se los recomiendo a nadie.

Entonces, ¿qué hacer? Encaríñese usted con su texto y con su autor. Intente averiguar lo que realmente quiso decir... Y escriba luego sin prejuicios su traducción.

Haga todas las comprobaciones del mundo. Para eso sí que sirve la Internet. Y luego déjese llevar. La buena literatura, mal que le pese a quien le pese, sique existiendo. Lo juro.

Traducir ha sido siempre una profesión muy dura. Pero sigue valiendo la pena... aunque continúe pagándose (en España) miserablemente.

Sin embargo, no quiero quejarme. Todo traductor es también un privilegiado, porque tiene muchos amigos y amigas y, sin tener que sufrir la carga de un embarazo, puede dar a luz a un nuevo ser. No hay felicidad más grande.


Miguel Saénz Sagaseta de Ilúrdoz - El cultural




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