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La aristocrática riqueza de Mònica Maragall
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La aristocrática riqueza de Mònica Maragall
  26/9/2026



F ue Mònica Maragall (Barcelona, 1947-2010) una escritora secreta, pese a la calidad de sus libros. Eclipsada quizás por la personalidad de algunos de sus célebres hermanos, Mònica siguió la vocación del abuelo Joan y se decantó por el arte, concretamente por la literatura y la pintura. Maragall fue un personaje singular, rebelde de joven y que abrazó la fe católica en su madurez. Podríamos citar muchas anécdotas, como su paso por la cárcel de mujeres en el último franquismo, pero nos centraremos en su obra, breve, concisa y esencial, tanto la narrativa como la lírica.

Hoy la editorial Polibea reedita La bailarina coja y otras prosas, libro que apareció en Montesinos editor en 1993, sello del mismo grupo que las revistas Quimera y El Viejo Topo. Yo hubiera preferido un volumen con toda su obra, incluyendo el magnífico El jardín ausente y Los hititas, incluso los poemas en catalán de Terrats lliures al vent (1992). Apuesto por una obra completa porque la obra de Mònica es un todo mantenido con fuerza y elegancia por una poesía que nos remite a Juan Ramón Jiménez y algunos astros de la Generación del 27. Cálida y siempre en contacto con la naturaleza, sus prosas sensoriales nos hacen sentir el paso de los días, los cielos, las noches, el viento, los trenes de madrugada, la sal del mar y las olas como el aeroplano en el cielo de la acuarela de la canción de Vinicius de Moraes y Toquinho. “Huidiza” la califica Albert Tugues en su prólogo y Pere Maragall la define como “la hermana doliente” o habla de su “aristocrática pobreza” para concluir en el “tesoro literario escondido desde hace años”.

Algunos de los capítulos están planificados en forma de dietario, como si el devenir desastrado de la bailarina corriese una suerte de azar mientras contempla un pájaro o penetra en la base de esos jeroglíficos de los nombres. El surrealismo, que también la conecta con el 27, lleva al lector a parajes donde reinan la belleza y la piedad. La personalidad de la autora aparece para confesarnos que “si supiera cantaría el salmo más triste de la creación, y todo el dolor de los pajarillos abandonados encontraría calor en mi grito absorto”. Remata su ensortijada frase con una conclusión, “pero la tristeza no va disfrazada, las palabras le vienen anchas, y allí metida en lo hondo no hace siquiera el esfuerzo de nombrarse a si misma, que todo lo que está escrito no es nada que puede nombrarla realmente, tinta mojada, absurdo.”

Tanto la primera parte, la que lleva el título del libro, como el diccionario poético de la segunda, se rigen por la inocencia, la sencillez y la esencialidad. Podrían concretar el romanticismo que nos acerca a la catarsis cuando reflexiona y se acerca a Machado o a los mencionados, por ejemplo: “¿Dónde se oculta el clavel, el labio trémulo presto al beso y al llanto, la sonata de pajarillos inocentes?”. Uno de esos pajarillos es, sin duda, Mònica, que pasó por la vida sin hacer ruido antes de expirar.

Otro de los aciertos de esos volúmenes es saber captar la bondad suprema que en un gesto casi panteísta se transformó en versos, encadenados o libres. La delicadeza de estas prosas resulta el visor de la delicadeza de apreciar el mundo tal como es, lejos de la ambición que siempre entraña la violencia. Como su personajes, Mònica parece preguntarse: “¿Por qué la bailarina coja ama la música como si fuera un gato, así fugitivo, sublime, literario, doméstico?”. Imposible no amar a Mònica.


David Castillo- Lavanguardia

Mònica Maragall La bailarina coja y otras prosas Con textos de Pere Maragall, Albert Tugues y Jordi Llovet, Editorial Polibea, 160 páginas, 18 euros





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