Jana Leo: «El Mapa de las Mujeres Asesinadas por sus Parejas (MAP) trata de visitar a alguien que quedó en el olvido»
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Jana Leo: «El Mapa de las Mujeres Asesinadas por sus Parejas (MAP) trata de visitar a alguien que quedó en el olvido»
7/3/2026
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u proyecto Mamá está muerta, pero la vamos a curar nace de un gesto radical: documentar, uno por uno, los 132 feminicidios cometidos por parejas o exparejas en la Comunidad de Madrid entre 1999 y 2020. ¿Qué detonante personal, intelectual o emocional te llevó a iniciar un trabajo tan exhaustivo? ¿En qué momento sentiste que no había vuelta atrás? Llevaba muchos años trabajando en la violencia que ocurre en contra de las mujeres en sus casas, hasta ahora me había centrado en la violación, pero tenía pendiente el maltrato. Todos mis proyectos son largos combinan la investigación con las narrativas personales, pero fue más una cuestión circunstancial que de premeditación que este proyecto acabo teniendo esa dimensión tan exhaustiva. Durante la pandemia del coronavirus, con mucho más tiempo en la casa en confinamiento, se oyen noticias sobre el incremento de la violencia de género resultado del aislamiento en la unidad familiar. También durante la pandemia me doy cuenta de la necesidad de tener imágenes para no denegar una realidad, porque de las muertes por coronavirus no hay; ahí me doy cuenta de que de la violencia de género tampoco. A su vez, la importancia de esas noticias sobre violencia de género en ese momento es relativa, pues todos estamos bregando con lo desconocido, con la amenaza de muerte por coronavirus. Es en medio de esa situación, yo estoy entonces en Nueva York, cuando busco online y empiezo a leer la historia de las mujeres en la lista de las asesinadas en España disponible en la web de la Federación de Divorciadas y Separadas de Madrid.
Yo había solicitado una ayuda a través de la Fundación Mosis, modelos y sistemas; arte y ciudad que dirijo, a la convocatoria Ayudas a la Creación del Ayuntamiento de Madrid 2019, con el título «VIDAS, Programa de Arte contra la Violencia Doméstica». El objetivo era hacer piezas de arte que sirvieran de monumento para mantener “presentes” en nuestras vidas a las mujeres que perdieron las suyas por la violencia machista. Una de esas piezas que germinó en ese proyecto ha dado luego lugar a este libro. Me di cuenta que no había marcha atrás al saber que se nos ha concedido la ayuda solicitada, pues mis investigaciones que estaban orientadas a crear mi propia pieza de arte contra la violencia de género, toman un matiz colectivo. Comenzamos dedicando parte de nuestro día a la apasionante y también desgarradora tarea de encontrar a cada mujer asesinada por su pareja en la Comunidad de Madrid. Empezamos a buscar desde el año 2020 hacia atrás, hasta el momento en que internet nos permitió con cierta facilidad consultar en registros públicos. Por ello, el periodo de la investigación abarca desde el año 1999 hasta el 2020.
El proceso de investigación debió de ser inmenso. Reuniste datos, fechas, fotos, informes, recortes, dibujos. ¿Cómo organizaste esa búsqueda de información? ¿Hubo puertas cerradas, lagunas, silencios administrativos? ¿Qué te reveló la dificultad de encontrar datos fiables sobre los feminicidios?
Tras leer varios casos, Sergio Tombesi, colaborador habitual de MOSIS, propone crear una base de datos detallada. Con él, considero los campos que son importantes para crear su estructura. Sergio construye la tabla sobre el listado, comprueba los pocos datos disponibles e investigando en internet empieza a recopilar la mayoría de los que faltan. Sobre la tabla, indago en la historia de cada mujer para crear una imagen y escribir un texto. A medida que analizo los artículos de prensa relleno los campos con los datos que descubro y en ese trabajo de reunir información, eliminamos unas categorías y añadimos otras. Estos son los campos que creamos: “Fecha” es la fecha de la muerte (en muchos medios y listados, con la confusión inicial aparece la del día siguiente a la muerte, cuando esta se notificó); el campo “Edad” son los años de la mujer en el momento de la muerte; el campo “Lugar” incluye la localización y la dirección donde el asesinato ocurre; en el campo “Relación con el agresor”, se indica la naturaleza de la relación afectiva y cuando no se sabe ponemos pareja; en “Aprox. días juntos” estimo los días; en el campo “Forma”, elijo la manera que fue prominente en causar la muerte; en la “Posible motivación”, al designar sólo una, también doy prioridad a una causa; el campo “Origen” incluye el origen de ella seguido del de él; el campo “Profesión”, se refiere a la profesión de ella, seguida de la de él. Discutimos largo y tendido sobre el efecto estigmatizador que pueden tener los campos “Origen” y “Profesión” e incluso el campo “Lugar”, pues las muertes se concentran en ciertas poblaciones y códigos postales concretos.
Al hacer la investigación, voy dando forma a mi obra como artista, empiezo a crear una imagen y un relato de cada mujer muerta. Al principio, cada dibujo era un simple boceto, una herramienta para construir la escena del crimen con la intención de tomar una fotografía. Pero tras hacer varios dibujos, estos empiezan a ser una forma de visualizar la información que leía y mis emociones ante ella. Primero empiezo con bocetos en blanco y negro y luego paso a tintas sobre papel de acuarela. En el libro son 132 dibujos hechos a lo largo de 150 días. La entidad del conjunto de dibujos me indica que esta es una investigación artística y no un tratado científico.
El camino es largo y no lineal. Para el boceto, parto del perfil de la víctima que me aportan sus datos. Los pocos campos iniciales de la tabla se sofistican a través del proceso de dibujo y, a su vez, van cambiando mi forma de dibujar. A través del estudio visual y de los materiales, reconozco cuestiones cualitativas que son relevantes, como el detonante del asesinato, y así insertamos nuevos campos en el gráfico. La mayoría de los artículos de periódicos se refieren a la discusión como el detonante de la muerte, pero, al ahondar en la historia, en un gran porcentaje de casos se constata que había palizas de manera habitual, con lo que la posible motivación de la muerte no era una discusión (que da a entender algo esporádico), sino la “costumbre de maltrato”. Introducir esta categoría como posible motivación pretende desestabilizar el mito de que la violencia de género ocurre en un momento de trance, cuando el hombre se vuelve loco, ya que la muerte de la compañera suele ser el pico visible de una relación abusiva. Así, el campo “posible motivación” en el que al inicio solo incluíamos las opciones “no aparente”, “discusión”, “separación” y “celos”, lo fuimos modificando al estudiar los casos y al hacer los dibujos por lo que se extendió a “costumbre de maltrato”, “hartura”, “aburrimiento”, “trastornos”, “despecho” y “compasión”. En muchos casos, estas categorías se cruzan. En la base de datos, a la hora de seleccionar una categoría se escogió la que era más prominente o la raíz de las otras. Los patrones de la causa de la muerte también influyen en las tipologías de dibujo en el que intento mostrar si la muerte fue circunstancial o la culminación de un proceso de abuso constante. La base de datos es una tabla viva, un organismo que ofrece un retrato cualitativo/cuantitativo de la persona por su muerte y una instantánea de la violencia contra las mujeres. En una segunda vuelta sobre la tabla, relleno los huecos de cada caso y escribo un breve párrafo que será después el extracto de la historia, el texto narrativo. Este trabajo me lleva varios meses y, durante los mismos, redibujo parte de las ilustraciones. Aquí me surge la idea de traducir la base de datos en un documento visual (un dibujo), informativo (datos) y literario (un resumen de la historia), es decir, un archivo ilustrado. Cada entrada de la base de datos, ahora es una doble página del libro: la información a la izquierda, la emoción, el dibujo, a la derecha. Todos los elementos factuales son cotejados por dos elementos del equipo, Isabel Leo de Blas y Borja Álvarez.
Nuestra aventura entra en una segunda etapa cuando le llevamos el libro a un abogado para consultar sobre el uso de los datos antes de publicar el archivo como libro. A través de este llegamos a saber que el hecho de que los datos que hemos recopilado estén en internet no significa que sean públicos y que hay otra ley que desconocíamos de protección a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. El abogado nos recomienda que de cara a la publicación, eliminemos los datos y anonimicemos la historia. En el texto, que aparece a la izquierda del dibujo (el extracto de la historia), la anonimización se ha hecho de dos formas: eliminando datos como la edad de sus hijas/os o el nombre de la empresa donde trabajaba y cambiando el lenguaje para que no desencadene ser reconocido por los buscadores de internet con palabras similares a las que aparecían en los medios de comunicación y en prensa. Si decía que le pegaba con un florero ponemos jarrón, si la encontraban en alcantarilla, albañal; si estaba muerta dentro de una maleta, un bulto; en lugar de poblado chabolista, infravivienda; si teníamos peluquería cambiamos a salón de belleza, etc. Así mismo, antes de publicar, hemos hecho una revisión del texto desde la perspectiva de género y atendiendo al lenguaje inclusivo.
En la presentación del proyecto hablas de «mostrar los mecanismos de socialización que llevan a la agresión». ¿Qué patrones identificaste con más claridad al revisar todos esos casos? ¿Qué aprendizajes te parecieron más graves por su invisibilidad en la conversación pública?
A lo largo del desarrollo de la investigación empezamos a reconocer los patrones de muerte: Primero – Muere en casa apuñalada y/o a golpes, asfixia, con saña y hay costumbre de maltrato. Segundo- Personas separadas. Esto nos dice, por ejemplo, que hay dos elementos de máximo peligro, uno si hay costumbre de maltrato una de las veces se le puede ir la mano y dos que el momento de la separación es muy delicado. A más de un 10% de las mujeres asesinadas en Madrid de 1999 a 2020, 14 (2, 3, 9, 36, 45, 64, 65, 67, 72, 73, 75, 101, 117, 131) de las 132, sus parejas hombres las mataron en el proceso de separación, incluso sin violencia previa o hábito de maltrato y varias más estaban pensando separarse. Matar es la reacción del agresor a una realidad no deseada ni aceptada: la separación. La nula tolerancia a la frustración como detonante y el “antes muerta que con otro” extensión del “hasta que la muerte nos separe” del matrimonio católico proveen un fundamento visceral para rechazar que uno puede cambiar de pareja. En el epilogo del libro se tratan los patrones en detalle uno en tablas y datos y otro en comentarios sobre lo encontrado.
Tras acabar el libro identifiqué «10 indicios de que tu pareja te está maltratando». Es posible que una mujer reconozca estas señales como parte de su vida, pero no las haya identificado como violencia de género, ni mucho menos pensar que podría desembocar en un asesinato. Uno de los datos que más me perturbó es que el 35 % de esas mujeres no había vivido maltrato hasta su asesinato, o al menos no lo había sentido como tal porque lo atribuían al carácter del otro. Al leer el libro, se deducen los indicios. Aquí pongo unos ejemplos: En un exceso de intolerancia y control, el otro no reconoce la autonomía de su pareja y se siente con derecho a dominarla o a organizarle la vida. Le dicta cómo vestirse, comportarse y controla con quién va. La pareja de Erika L.B.A (020) es terriblemente celoso y controlador hasta el punto de llevarla al metro, él le cuestiona con quién sale, o le mira el teléfono, critica y desprecia a sus conocidos, intenta impedir que vea a sus amigos o a su familia para ir aislándola en la burbuja de la pareja como le pasaba a Rabia M. (132) que incluso la encerraba en la habitación. A Sonia E.M. (41) que era alegre y optimista solo la entristecía su marido de quien iba a separarse, y quien intento pasar la muerte por suicidio. Gaslighting es el término inglés adoptado en español como “luz de gas”. En esta dinámica, el maltratador manipula e intenta que la víctima se cuestione su propia cordura y desacreditarla en su entorno y haciéndola pasar por enferma mental para poder controlarla o anularla. Otro elemento que se repite es que él es un “un encantador social, violento en la intimidad” : Esther del S. J. (100) le dice a su hermana antes de ser asesinada: “Tú no conoces a X cuando estamos solos…no quiero acabar como la abuela…me separo”; porque él es una persona encantadora en público, y se ha ganado la confianza de allegados con sus dotes sociales pero es violento en la intimidad. Su gran simpatía, atractivo, generosidad hacen que sea imposible creer que es un maltratador que es su carácter real. A Dolores G. R. (104) él no quería devolverle las llaves de su casa, ni las de la furgoneta donde se había instalado, tras dárselas en presencia de la policía finge ir a por algo olvidado y la mata. Como otras parejas Se habían conocido cuando ella estaba pasando un mal momento, él se ha erigido en su salvador. Cuando ella empieza a ver que él le trata mal en la intimidad, le cuesta dejarle. Se siente en deuda con él, cree que es él quien está pasando un mal momento y se siente obligada a apoyarle. Cuando lo ve claro y quiere que se vaya es asesinada.
Por último, los mitos son creencias que dan un panorama erróneo de la violencia de género y por tanto evitan la prevención. Estos mitos sirven para clarificar a un público general realidades que quedan obscurecidas. Por ejemplo, no es discusión sino costumbre de maltrato, pensar que es una discusión, la posible motivación de un incidente de violencia de género, normaliza el escalamiento de una diferencia en los argumentos en un evento de violencia. Otro mito es el perfil del agresor; el agresor puede que sea una persona normal, con un trabajo, que paga impuestos, que tiene vida social, pero que sus estructuras mentales son construcciones ficticias sobre la realidad. Quizá el más definitivo de todos los mitos es que la violencia de género tiene que ver con la emigración; lo que encontramos es que la violencia de género tiene que ver con la desubicación, pues la violencia se daba de forma transversal entre personas mayores, españolas que habían dejado su lugar natal, su pueblo y habían llegado a la capital o las personas jóvenes extranjeras que habían llegado a Madrid; no tener la familia cerca y un entorno de protección con una comunidad es más determinante que la nacionalidad. Para la víctima la desubicación implica falta de apoyo, pero para el agresor implica mayor capacidad de no ser capturado, pues no tiene tan presente la presión social. D. O. L. (007) desaparece y pasa quince meses en el congelador de la habitación de él que había venido de su pueblo en busca de trabajo. El otro gran mito es que la violencia de género se da mayormente entre sectores económicos empobrecidos o entre mujeres sin educación. M. del P. C. P. (003) una cirujana, mujer independiente, dejó su casa en un pueblo en una provincia a varias horas al noroeste de Madrid; dicen de ella que tenía vocación de superación que la llevó a ser una gran profesional de uno de los hospitales más prominentes de la capital. En el libro estos mitos estás listados como impresiones y reflexiones sobre la violencia con múltiples ejemplos.
En tu entrevista en Jot Down defendías que el agresor, al violar o asesinar, «está buscando su casa». ¿Puedes profundizar en esa idea desde el trabajo del libro? ¿Cómo se relaciona ese concepto con las estructuras culturales que permiten que un agresor se legitime internamente para actuar?
La conexión entre la misma idea en los dos libros está en que el hombre que mata a su compañera, siente que se ella es una extensión de él; en algunos casos, como un 10% de nuestro estudio, 13 de 132, de hecho, el asesinato va seguido de suicidio. Por otro lado, la mujer, “una mujer de su casa” es en muchos casos la que provee sensación de estabilidad, la que crea hogar o incluso la que provee los medios económicos para la vida en común. María Luisa R.G. (117) tenía tres empleos y había empezado una relación con otro hombre, pero él que la entendía como su extensión, se negaba a aceptar la realidad y a abandonar la vivienda. Cuando ella se plantea abandonarle, él siente que la identidad del hombre se cuestiona.
El mecanismo de actuación es el siguiente: Él intenta crear dependencia de la mujer para que ella se sienta culpable por dejarle y naturaliza la violencia considerándolo una defensa pues ella le había atacado primero al querer alejarse de él. De esta forma, siente que pone en peligro su identidad y justifica sus acciones. Otro ejemplo sería el de Gloribel M.A.G.G. (124) aunque en este la violencia ya era continua. Le dice que no puede vivir sin ella, que la quiere y que la agresividad es fruto del amor.
El libro combina ilustración, archivo visual, narrativa y datos objetivos. ¿Por qué elegiste ese formato híbrido? ¿Qué te permite el dibujo que no puede ofrecer un documento institucional? ¿Qué añade la estética a la comprensión de la violencia?
De lo que no hay imagen en una cultura visual parece que no existe. No hay representaciones de la violencia de género, por ello el libro es un archivo visual, un libro de arte ilustrado para que se visualicen las víctimas. La violencia de género existe, no es un invento. El libro ofrece imágenes para ratificarlo a través del impacto emocional de los dibujos. Siempre trabajo en lo subjetivo en comparación con lo objetivo; lo que ocurre y lo que yo siento y pienso de lo que ocurre. Al utilizar el dibujo y la narrativa junto a las estadísticas y el ensayo, el documento se convierte en un documento afectivo. Es el primer libro de arte sobre violencia de género, la narrativa y el dibujo ayuda a digerir algo muy duro.
Huella de un sentimiento, el archivo está realizado desde la perspectiva de una niña o un niño que mira la mano del hombre que está a punto de golpear a su madre. Los gestos expresivos e ingenuos inspirados en el miedo a la figura paterna incrustada en mis recuerdos, garabatos inocentes, se combinan con mi trabajo forense y analítico como investigadora. El dibujo no pretende ser un registro fiel de los hechos acaecidos, ni de la fisonomía de la mujer muerta. Al contrario, quiere ser un documento afectivo y transmitir a través del trazo y del color la sensación que he tenido al estudiar cada muerte. En la página de la derecha se encuentra un dibujo inspirado en la muerte de cada mujer, un extracto de la historia aparece a la izquierda. Al final del libro hay un estudio con patrones de actuación y tablas con la posible motivación y la forma en que fueron asesinadas, la relación con el agresor así como el origen (por respeto a su identidad nacional y no por identificar la violencia con países concretos) y la edad de la víctima. Con el libro, intento que se visualicen las víctimas de la violencia de género, de ahí el esfuerzo por individualizar (que no por identificar) con el dibujo y la historia a cada mujer asesinada.
La campaña de Verkami abrió el proyecto a una comunidad de lectores y cómplices. ¿Qué aprendiste de ese proceso? ¿Hubo apoyos inesperados, reacciones emocionales, críticas que te ayudaron a perfilar mejor el libro?
Es exactamente como dices, la campaña de Verkami aparte de crear la estructura para que los conocidos pudieran comprar el libro o poner su donación, abrió el libro a otro público. De las ventas en Verkami, la mitad eran conocidos y amigos y la otra mitad desconocidos y de estos últimos, que muchos eran de Cataluña, puesto que Verkami lo es, lo más llamativo es que un alto porcentaje eran hombres. Haciendo las etiquetas y embalar los libros con los nombres de los compradores fue una experiencia realmente gratificante, sabía que el texto y las ilustraciones iban a ojos que normalmente no atienden la violencia de género. Creo que esto se dió porque Verkami tiene tradición de ser un lugar de artistas y hacer arte es algo que está por encima del género. Aprovecho esta publicación para agradecer, especialmente, a esos compradores.
Pasemos al MAP: el Mapa de las Mujeres Asesinadas por sus Parejas, la primera aplicación que sitúa los feminicidios sobre un mapa interactivo. ¿Cómo nació esa idea? ¿Fue anterior al libro, paralela o consecuencia directa de él?
MAP trata de visitar a alguien que quedó en el olvido. Con frecuencia, el arte en espacio público se refiere a algo que ha pasado allí, quizás a una persona. Se visita su memoria, que es “hacer una visita” a la persona y acompañarla. La idea de MAP: el Mapa de las Mujeres Asesinadas por sus Parejas, es visitar a las mujeres asesinadas. Mientras que el libro honra su memoria el App las visita. El App fue posterior al libro, un paso más para dar vida a las mujeres que perdieron la suyas. MAP tiene un planteamiento ético muy fuerte, porque te invita a visitar y dar vida a través de la memoria a las que murieron antes de lo que hubiera sido lo normal y también crea conciencia del problema al verlo cada día si uno pasea con el App en el móvil por la ciudad pues la idea es que no recordemos a las mujeres asesinadas solo el 25 de noviembre sino cualquier día en nuestra vida cotidiana, pues la repetición produce cambio.
El App no es un proyecto individual, se ha hecho y surgió después del libro por el colectivo que dirijo: la Fundación MOSIS, Modelos y Sistemas; Arte y Ciudad que es una entidad sin ánimo de lucro y una productora artística que crea conciencia cívico-social a través del arte, contextualizando una situación en la ciudad y llevando el arte a la ciudadanía. Teniendo el libro ya maquetado y con una prueba impresa nace Art-rededor y MAP; Art-rededor es la plataforma con mapa que muestra arte en relación a algo que ocurrió en un lugar. El primer mapa es M.A.P, el Mapa de las Mujeres Asesinadas por sus Parejas que alerta de cada muerte en el camino por la ciudad, en el día a día, con un pequeño relato grabado en audio y un dibujo.
MAP combina datos, tecnología, geolocalización, diseño visual y un enfoque artístico. ¿Cómo equilibraste lo sensible con lo técnico? ¿Tuviste dudas éticas sobre mostrar lugares concretos asociados a crímenes? ¿Qué criterios adoptaste?
No es lo mismo oír que una mujer ha sido asesinada en tu barrio que recibir un mensaje en el transito pro la ciudad y ver cuando vas al supermercado que hay una mujer asesinada cerca de donde tu vives, que fue tu vecina. No hay una plataforma, conectada el GPS, in situ que lleve la base de datos a la vida ordinaria.
Arte Corriente es una interfaz que nos permite tener un mapa interactivo de las muertes (que envía notificaciones a los que tienen el App cuando se está cerca del sitio donde ha ocurrido una muerte) y acceder a la obra artística que se ha hecho sobre ella. La tecnología, con las notificaciones creará una presencia real del problema de la violencia de género en la ciudadanía, lo contribuyendo a su reducción.
En nuestra base de datos, tras nuestra investigación tenemos registrado el lugar de la Muerte con una dirección, esa se ha transformado en información vectorial que ha informado la localización del mapa; de tal manera que el lugar se aproxima pero no desvela la dirección exacta donde la mujer fue asesinada.
Un libro obliga a una lectura íntima; una app invita a una experiencia casi cartográfica del horror. ¿Qué diferencias de impacto detectas entre un formato y otro? ¿Cómo cambia la percepción de la violencia cuando se ve distribuida geográficamente y no como una serie de casos aislados?
El libro es para apreciar cada frase, degustar los colores de las ilustraciones por eso la calidad de impresión es la máxima, papel de calidad, imprenta tradicional, cuidado en el color etc… El App es para pasearlo. La idea del App es la de visitar a la mujer asesinada, revisitando su memoria, acompañándola en los lugares que ella solía visitar en su día a día, reproduciendo un camino alrededor de su lugar de residencia. El libro y el App son complementarios; con el App se pasea el mapa; es una experiencia; con el libro se piensa, se digiere lo experimentado.
Otra gran diferencia entre el libro y el App es que este último quiere llegar a otro tipo de público, e invierte el método: te lleva el arte y la literatura a tí en lugar de ir tu a la literatura o al arte. Para nosotros la ciudad es el museo. Y digo nosotros porque el proyecto está realizado desde la fundación que cree y dirijo: MOSIS, arte y ciudad. Estamos acostumbrados a ver monumentos de la violencia monumental pero no de la violencia individual. Son muy pocas las obras de arte sobre algo que ocurrió en un lugar (“lugarización”). La percepción de la violencia cambia cuando se ve distribuida geográficamente y no como una serie de casos aislados porque no se puede negar, los casos están ahí ocupan todo el territorio.
En la descripción del proyecto propones una ecuación: «Asumir que la violencia de género no es práctica aceptable + Mostrar los mecanismos de socialización que llevan a la agresión = una sociedad sin víctimas». ¿Qué posibilidades ves en esa transformación? ¿Qué pasos necesitaría una sociedad para que esa ecuación fuese viable?
Veo el potencial de que ocurra, pero las posibilidades no las sé. Creo que hemos estado inmersos en un proceso de bloqueo generalizado de la realidad y que hemos salido de él, pero para unos temas y no para otros. El potencial le tenemos, pero va ser un detonante el que causara que la potencia se convierta en realidad. Hay que darle la vuelta a la nueva tendencia al alza de la violencia y esto no se va a hacer con leyes, hay que hacerlo con imágenes, con poesía. Es la era blanda. No hablo de redes sociales, hablo de otra cosa. El detonante puede ser un acto colectivo de desear, con fuerza como si el trazo de lápiz en un papel pudiera reescribir y redibujar la vida, que las cosas deben cambiar y que es el momento.
Hay que visibilizar más lo que ocurre y crear espacios de reflexión, no solo de distracción. El arte es muy bueno en eso porque con su lenguaje blando ayuda a que uno no bloquee el contenido pues no lo percibe como información. Nosotros lo hemos intentado hacer. Creo que hay que ofrecer un lugar para reflexionar sobre la afectividad sostenible y los problemas de posesión y los desordenes del amor; es lo que intentamos con piezas artísticas. Los dibujos, los relatos y los paseos del App dar lugar para la reflexión. Creo que tanto el libro como el App dejan claro, por la serialidad y la repetición, que la violencia de género no es una práctica aceptable, pues después de leerlo/recorrerlo es imposible estar de acuerdo con el mínimo maltrato.
Trabajar con violencia extrema deja huella. Como artista, investigadora y filósofa, ¿cómo afectó este proyecto a tu manera de mirar el entorno? ¿Te obligó a redefinir los límites entre arte y activismo, entre estética y trauma?
Bien lo has dicho lo de que la violencia extrema deja huella, y de hecho investigar y leer muchos artículos sobre la misma y dibujarla no ha sido fácil, pero siempre pensaba si es difícil para mí pensarlo y dibujarlo infinitamente más difícil debió ser para ella vivirlo; no puedo protegerme de más y dejar de lado lo que es duro con el: “yo con eso no puedo” o “no lo puedo ver” porque llevar la vista a otro lado lejos de la violencia que ocurre, es precisamente, lo que se potencia que siga sucediendo.
Ahora cuando voy a otro barrio de Madrid que no es el mío, lo primero que hago es mirar las mujeres asesinadas alrededor de donde yo voy; me ha dado una visión de la comunidad de Madrid desde el uxoricidio (asesinato del hombre a su esposa, que yo extiendo a su mujer). Tengo una radiografía de Madrid y sus barrios según estos feminicidios que son en España, la mayoría de las muertes contra las mujeres. Mi trabajo y mi vida está en el límite entre arte y activismo, entre estética y trauma, vivo en esa cuerda floja desde que empecé a escribir y a hacer fotografía, pero esta vez desde luego que estoy radicalmente en el arte/activismo, no hay duda, es un recorrido estético de la ética de la agresión.
En el texto de Verkami señalas que los feminicidios no están contemplados bajo el amparo de la ley de memoria histórica. ¿Qué consecuencias tiene eso en términos de reconocimiento, reparación y relato colectivo? ¿Qué debería cambiar para que la violencia de género se entendiera como parte de nuestra memoria pública?
El asesinato de una mujer a manos de su pareja no es sólo, en muchos casos, un incidente desafortunado, sino la culminación de un largo proceso de continuas humillaciones y torturas diarias que se prolongan durante años. Este libro honrar la memoria de las víctimas, pero esa es también la memoria de la historia diaria. Tenemos la percepción de que la memoria histórica es algo que ocurre tras un evento, como una guerra o el franquismo, pero la historia se compone de personas y no de monumentos; del día a día y no del aniversario. Este libro cambia la percepción de lo que es historia de lo que es la memoria histórica.
Una consecuencia, por ejemplo, de que la violencia de género no sea memoria histórica, es que se pueden poner en la vía pública los ladrillos de memoria de Gunter Demnig sobre españoles que perdieron sus vidas por el nazismo recordado por ladrillos en las aceras donde vivían, pero no se pueden poner los nombres de las mujeres asesinadas por sus parejas en la vía pública. Si no hay reconocimiento y recordatorio continuo de una violencia esta deja de considerarse como tal. La violencia de género debería denominarse memoria histórica; desconozco los mecanismos burocráticos necesarios, pero creo que esto se dará cuando se cambie la percepción de lo que es historia.
Detrás del App está la idea de valorar la vida cotidiana de la ciudad frente a la ciudad monumental. Una ciudad se visita como una forma de entender su cultura, su historia y sobre todo su espíritu. Esto se manifiesta en los monumentos y en los museos que recogen el arte que visibiliza una sensibilidad de una época. Pero, una ciudad es también sus personas y su historia, la de sus residentes. Pero estas son raramente visitables y no hay guías sobre ellas. Eso es nuestra app, un archivo de memorias personales. El artista recupera la memoria al hacer arte sobre hechos acontecidos y el visitante revisa esa memoria al ver la obra. El visitante le rinde honor al desplazarse a ella. La idea es seguir con la plataforma Art-rededor e incluir en ella otras memorias de personas que ya no pueden hablar, siempre usando el arte. Ayer en una presentación del App en el Museo La Neomudejar, Francisco Brives me contaba que la edad media de muerte de una Trans es de 37 años y estamos pensando lanzar otra capa de cebolla del mapa art-rededor para combatir la violencia sobre personas trans. Hablar de la violencia es hablar de los impulsos menos agraciados del ser humano, pero dicen mucho de lo que la cultura de una ciudad es.
La clave de la memoria histórica, (con mayúsculas y con minúsculas; monumental y personal) es reconocimiento, reparación a través del relato colectivo, tú lo dices muy bien. Una agresión se hará menos cuando se sabe que se harán las cuentas; reconocer es parar; la historia se puede cambiar, aunque no se cambie el pasado. La convivencia solamente se puede restablecer por la reconciliación y esta requiere no del perdón ni del olvido sino de la reparación.
Tanto el libro como MAP parecen diseñados para salir del espacio privado y convertirse en herramientas públicas, de debate, de pedagogía. ¿Tienes previsto mostrarlos en instituciones, centros educativos o espacios expositivos? ¿Qué formatos futuros imaginas para seguir expandiendo esta investigación?
Lo has visto claro. Sí, sí, sí. En el mismo App hemos programado una serie de actividades complementarias que carácter lúdico educativo en distintos formatos. Por un lado, Tours por el Mapa real de Madrid con el APP M.A.P. Mapa de Asesinadas por sus Parejas. Visitas guiadas al archivo de mujeres asesinadas por sus parejas en la Comunidad de Madrid entre 1999 y 2024 al lugar donde cada una de ellas fue asesinada relatando su historia.
Por otro, Micro-Talleres con material artístico en torno al libro: Mamá está muerta, pero la vamos a curar en centros cívicos, en bibliotecas, en asociaciones, etc. Llevamos nuestra investigación basada en los 132 casos de mujeres asesinadas por sus parejas, en formato visual, a través del libro y en formato investigación, a través de la muestra de tablas y ensayos.
También una exposición de láminas ampliadas en lienzo montadas sobre bastidor de 50×70 que se completan con una proyección de videos animados con los dibujos y un audio que relata la historia. En la actualidad tenemos ampliadas 12 dibujos y dos videos. Las expos van a centros cívicos, centros culturales, ayuntamientos y unidades de igualdad, galerías de arte, centros comunitarios, asociaciones, etc. de la Comunidad de Madrid y otras comunidades.
Son fundamentales las charlas en Institutos y Ayuntamientos. El proceso creativo y el arte social sobre la violencia de género. La clase magistral cuenta el proceso de la creación de una obra de arte social. Los pasos, obstáculos y posibles alternativas para realizar un proyecto de arte de carácter social con fines no comerciales. Utilizamos vídeos de las 132 mujeres asesinadas (creado gracias al Ministerio de Igualdad) que hemos producido como material didáctico.
Y por último el Club de Trauma: lectura y escritura sobre la violencia y la memoria. Propuesta de narraciones personales. Un espacio virtual donde leer y hablar como forma de conocimiento, sobre libros claves en la violencia sexual y de género.
Seguro que has recibido reacciones muy distintas, desde la empatía hasta el rechazo. ¿Cuál ha sido la respuesta más inesperada que te ha llegado? ¿Y la más difícil de procesar?
La más inesperada ocurrió ayer en una presentación de la App en el Museo La Neomudejar de Madrid cuando una persona que había venido a la presentación mientas ojeaba el libro me dijo que una amiga suya había sido asesinada en el instituto por su exnovio, Ruth, se llamaba. Empezó a buscar por el barrio en el mapa del App. Como el libro ahora está anonimizado, no podía buscar por el nombre ni por la fecha. Al ser una presentación estaba con Sergio Tombesi que había hecho la base de datos, y busco el nombre de la persona y el lugar exacto donde murió, era el caso que habíamos numerado con el 131. La más difícil de procesar hasta ahora no ha llegado porque el App lo presentamos ayer y en un entorno iniciado en arte/activismo. Pero el App está ya público y hay un contacto al que escribir y en poco tiempo seguramente me acordaré de tu pregunta y la podré contestar.
Si alguien se acerca por primera vez al libro o a la app, ¿qué te gustaría que entendiera de inmediato? ¿Qué cambio interno —pequeño o grande— esperas despertar en quienes se encuentran con estos proyectos?
A nivel de contenido que sepan que Art-rededor, M.A.P. (Mapa de las Mujeres Asesinadas por sus Parejas) es la versión web con localización del archivo de uxoricidios: las 166 mujeres que han sido asesinadas por sus maridos, o sus parejas y exparejas hombres, en la Comunidad de Madrid entre 1999 y 2024.
A nivel técnico que el núcleo de la aplicación es una base de datos relacional con información de los 166 casos de uxoricidio (1999-2024), los textos, dibujos y audios. Con la App activada en el móvil y con el GPS funcionando, la posición del usuario se coteja periódicamente con la base de datos para saber qué casos han tenido lugar en sus cercanías. Si los hay, el teléfono emite una notificación avisando al usuario que puede ver un mapa de los alrededores en el que se muestra dónde se encuentran los casos.
El cambio es abrirse al dolor, solo los que están abiertos a él no lo reproducen. Ese es el objetivo, también para intentar cortar la cadena de maltrato por los que lo han sufrido. Reconocer la vulnerabilidad propia como un acto de fortaleza y no de debilidad.