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  22/10/2026



L a autora arma una historia de suspense asfixiante en la que el lenguaje juega un papel clave

'Elegir': "Escoger o preferir a alguien o algo para un fin". Entre sus sinónimos están 'seleccionar', 'escoger', 'preferir' y 'optar'. Entre sus antónimos, 'rechazar', 'desechar' y 'repudiar'. Toda elección implica, por tanto, un descarte. También cuando elegimos las palabras. Si Rosa Ribas (El Prat de Llobregat, 1963) escribe que la cabeza de uno de sus personajes se está "enredando", ha preferido 'enredar' y ha desechado 'enmarañar', 'embrollar', 'trabar', 'atascar' y 'confundir'. Y esa elección nunca es casual. 'Enredar' contiene 'red': un "aparejo hecho con hilos", pero también un "ardid o engaño de que alguien se vale para atraer a otra persona". Atraer, tal vez y precisamente, con hilos.

En 'Todos duermen', saber algo y saber qué significa no son la misma cosa. Desde la primera página sabemos que Ana espera a su hermana Elisa tras una "línea de seguridad". Sabemos que ambas perdieron a sus padres y que desde entonces Ana no puede salir de casa. Cuando lo intenta, le falta el aire, se hunde, se ahoga. Sabemos también que es Elisa quien la cuida, igual que cuida de la abuela de ambas, instalada en el piso inferior. Elisa tiene un jardín; Ana, un desván. Aunque lo sabemos desde el arranque, su sentido irá apareciendo a medida que avanza la novela. La intriga nace precisamente de esa distancia entre lo que sabemos y el momento en que comprendemos qué significa.

La autoridad de la palabra escrita
Ana presta una atención minuciosa a las palabras que elegimos. Preguntar "¿Estás enfadada?" deja que la otra persona responda. Afirmar "Estás enfadada" decide por ella cómo se siente. El 'deberías' de un consejo lleva implícita cierta voluntad de imponer una solución –ese 'deberías' tan propio de madres y abuelas bienintencionadas–. La palabra escrita posee una autoridad particular. Una mentira fijada sobre el papel puede adquirir una apariencia de realidad que quizá no tendría pronunciada en voz alta.

La intriga nace de la distancia entre lo que sabemos y el momento en que comprendemos qué significa
Ana es traductora y su relación con las palabras desborda lo profesional. Cuando la cabeza se le enreda, acude al diccionario; leer sus definiciones la calma. Prefiere los sustantivos por su capacidad para nombrar las cosas y, al hacerlo, concederles existencia y hacer el mundo más comprensible. Aunque las palabras tampoco ofrecen certezas inagotables.

"Las palabras hay que pensarlas lo justo. Si hurgas mucho en ellas, se desmoronan como figuritas de arena húmeda". Basta repetir una muchas veces para comprobarlo: acaba sonando extraña y parece perder su significado. El fenómeno se conoce como saturación o saciación semántica. Resulta curioso que dos términos tan distintos sirvan para nombrarlo. 'Saturar' remite a colmar o llenar hasta el límite; 'saciar', a satisfacer una necesidad.

'Todos duermen' es una historia absorbente, cargada de suspense y tensión, en la que Ribas administra con precisión la información hasta conseguir que lo ya leído cambie de significado a medida que avanzamos. Con las palabras ocurre algo parecido. Su elección condiciona lo que entendemos, aunque el contexto pueda modificar su significado. La fuerza de esta escritura reside en la precisión del lenguaje, con independencia de su capacidad para crear imágenes. Aquí, las palabras hacen por sí solas todo el trabajo de significar.

Marta Marne-ElPeriodico




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