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Presentación de los libros ''Viajando con Catulo por el Caribe colombiano'' y ''Perímetros del Paraíso'', de Zamir Bechara
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Presentación de los libros ''Viajando con Catulo por el Caribe colombiano'' y ''Perímetros del Paraíso'', de Zamir Bechara
ACEC  27/7/2022



D ía 22 de septiembre a las 19,00 horas

Presentación de los libros 
Viajando con Catulo por el Caribe colombiano y Perímetros del Paraíso, de Zamir Bechara A cargo de Jorge León Gustá Aula Maria Mercè Marçal, 5a. planta de l'Ateneu Barcelonès, carrer Canuda, 6 de Barcelona


Viajando con catulo por el Caribe colombiano. «Hay hombres que se comportan en la vida como un estómago, como un hígado, como un falo o una vagina». (Mircea Eliade)  «Si el sexo está reprimido, es decir, destinado a la prohibición, a la inexistencia y al mutismo, el solo hecho de hablar de él, y de hablar de su represión, posee como un aire de trasgresión deliberada. Quien usa ese lenguaje hasta cierto punto se coloca fuera del poder; hace tambalearse la ley; anticipa, aunque sea poco, la libertad fu- tura (...)». (Michel Foucault) 
Durante demasiado tiempo se ha confundido la supuesta sinceridad de la obra de Catulo con el relato de su propia biografía (se espera que el amable lector no haga lo propio con este poemario). En este sentido, es fácil suponer que Clodia (Lesbia), su amada, nueve años mayor que él, se prostituya en las calles de Roma (Carmen, 58), que en Verona viva una juventud holgada gracias a la buena posición de su familia (en casa de su padre solía alojarse César, de camino hacia las Galias) y que en Roma llevara una vida de placeres y desenfreno, favorecida por la libertad sin precedentes que se vivió a mediados del siglo I a.C. Nadie como Catulo exprimió la sustancia poética de sus experiencias vitales antagónicas, dolor y placer, alegría y tristeza, amor y odio. Una de las formas de demostrar la virilidad de los romanos de su época consistía en tener el papel activo en las relaciones sexuales. Los esclavos eran el blanco pasivo de estas prácticas. Catulo critica el hecho de que personajes de alto rango en la vida pública, en privado, adopten actitudes pasivas ante el sexo. 
La descripción harto explícita que hace Catulo tanto de las relaciones homosexuales como heterosexuales, ha hecho de su obra un objeto de censura histórica. De hecho, a su léxico agresivo, procaz, obsceno, cínico e insolente, la tradición poética a lo largo de los siglos ha respondido con el eufemismo, la perífrasis, el circunloquio, el disimulo, la ambigüedad. W.H. Auden, en El Arte de leer Ensayos, afirma, por ejemplo, que Rilke jamás podría haber traducido los versos del Carmen 16 de Catulo, «Pædicabo ego vos et irrumabo» (“Os daré por el culo y por la boca”). Es más, Menéndez Pelayo, el primero en estudiar la huella de Catulo en España, en su Bibliografía hispano-latina clásica nos muestra un amplio catálogo de las adaptaciones eufemísticas de la obra del veronés, cuando no su silenciamiento, según la moralidad de las épocas. Y es que las traducciones poéticas de Catulo al castellano, hasta hace relativamente pocos años, no han sido ajenas a los remilgos y la pudibundez española, como afirmó en su día Camilo José Cela en su Diccionario Secreto. 
Pocos sabrán que Catulo es el primer autor donde aparecen el sustantivo «besos», el verbo «besar» o la expresión «dar besos», así como el binomio antitético «amor/odio», y sus correspondientes en las lenguas románicas. Frecuentar a Catulo no debería entenderse como un acto de deliberada trasgresión, habida cuenta del ejercicio impecable que hace de su libertad expresiva tan censurada, sino más bien como un acercamiento lúcido a uno de los poetas romanos muy próximo a la sensible curiosidad de una parte considerable de lectores de poesía del siglo XXI. El poemario que tenéis entre las manos, Paseando con Catulo por el caribe colombiano, no solo aborda la denotación directa del léxico y sus connotaciones metafóricas en lo que respecta a la experiencia sensual y amorosa, sino que también profundiza en el concepto amoroso mismo (Catulo es, ante todo, un poeta del amor), en sus sinrazones, pasiones y sus perímetros. Este poemario aspira a despertar en el lector reflexiones relativas a las concomitancias entre sexo, amor, represión y pecado, entre otras. Aquí se dan cita, además de Catulo en Cartagena de Indias y en el parque Natural de Tayrona, Aristófanes en Acandí, Hécate en Capurganá y la ensenada de Utría. Y todo ello envuelto por la selva real o figurada, pero siempre evocativa y sugerente, del espacio maravilloso de la manigua chocoana y del caribe colombiano. 

Perímetros del Paraíso. «Perímetro», por definición es la longitud del contorno de una figura o de una superficie. De manera análoga, en este caso, se diría que son las líneas que limitan un concepto, el de Paraíso, entendido como tal ese locus amoenus utópico, que alguna vez tuvo su razón de ser en el Jardín del Edén. Pero, nuestro autor no se refiere a los posibles límites de ese paraíso perdido, donde se dice que alguna vez fuimos siempre felices, si no al contorno perimetral que rodea y mide la extensión del espacio intangible, donde se trabaja a diario por alcanzar, en esta vida que nos ha tocado vivir, el último objetivo al que se dirigen las acciones humanas, esto es, ser felices. Entendida la felicidad como ausencia máxima de dolor y de búsqueda cualitativa del placer de los sentidos o del placer intelectual, el autor de este poemario se pregunta ¿cuál sería el perímetro de ese paraíso en tierra si la felicidad máxima fuera posible? El ser humano requiere para ser feliz mucho más que la adición de sensaciones placenteras a su agenda hedonista. Ansía también otros ingredientes, como el conocimiento, la autorrealización, la actividad artística (en este caso, poética) o la bondad moral, es decir, acciones encaminadas a alcanzar la eudemonía, ese sentirse plenamente feliz que postulaban los griegos. Como parece inferirse de este poemario, para el autor la actividad poética, el comportamiento ético, los placeres de la carne, del amor y del intelecto, el ejercicio de la virtud, entre otros, constituyen su personal receta, el espacio perimetral que rodea el núcleo mismo donde preserva intactas sus emociones más sinceras y las intuiciones de su particular e imaginado Paraíso.


Zamir Bechara ha actuado en diversos campos de interés intelectual y creativo. Por lo que se refiere a su formación intelectual, se doctoró en la Universidad de Barcelona con una tesis sobre poesía hispanoamericana colonial (1993). Ha sido miembro investigador del Instituto Caro y Cuervo (Bogotá). También se licenció en Filología Catalana (UB, 1984) y fue catedrático de esta especialidad. Ha sido profesor de Literatura Hispanoamericana Colonial en la Universidad de Girona y miembro investigador del Instituto Caro y Cuervo (Bogotá. Revistas incluidas en índices internacionales han visto publicados sus artículos, Thesaurus, Hispanic Review, Salina. En Peter Lang Verlag (Frankfurt, 1997) publica un enjundioso libro de referencia especializada sobre la poesía colombiana de los siglos XVI-XVIII.  Ha escrito decenas de artículos relativos a la educación en Cataluña y España en diarios y revistas, Magisterio Español, Escuela Española y Revista de Cataluña.Por lo que respecta a la creación literaria, ha escrito una novela y libros de poesía diversos, ilustrados por Alberto Blecua, Diario de un viejo terminal (2007) y sus poemarios Desayuno de tedios con café y azúcar (2007), Palabras Mínimas (2008) y Naranjo amargo (2012).

Es también autor de otros poemarios: Coma Berenices (La Cabellera de Berenice), un viaje reflexivo a través del tiempo, la ética, la esperanza, la soledad y la conciencia. De reciente publicación es su poemario Viajando con Catulo por el Caribe colombiano (2020). Asimismo, sus Sonetos Imperfectos de Amor y otros poemas son un ejercicio donde el poeta experimenta con la métrica tradicional. En sus poemarios el autor aborda temas disímiles de rabiosa actualidad: Indicios. Poesías (la perpetua búsqueda de afinidades entre el poeta y sus lectores) y Perímetros del Paraíso. También es autor de un libro de aforismos, Concomitancias (2020). De recientísima publicación es Afrodita: los perfiles del deseo (2021).También es de reciente publicación su poemario Los latidos del instante. 365 haikus (2021).
También se ha dedicado a la pintura profesando admiración por los iconos expresionistas de todos los tiempos, desde Kirchner, Kokoschka y Schiele hasta Lucien Freud. La influencia de sus modelos se percibe en el denso cromatismo de su paleta y en sus telas de medio y gran formato vistas en exposiciones individuales y colectivas, Ateneu de Barcelona, El Cau de les Arts, Centro Cultural Robert Brillas, Sala Thezeroart, entre otros. Una muestra de sus pinturas se puede ver en las ilustraciones que son portada en la mayoría de sus obras de poesía.




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