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Otras armas de destrucción masiva: su víctima, los derechos de autor y la propiedad intelectual
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Otras armas de destrucción masiva: su víctima, los derechos de autor y la propiedad intelectual
  26/4/2026



A veces, las armas más potentes y destructivas se disfrazan de avances tecnológicos, pero cuando su uso no está controlado de manera estricta, terminan arrasando pueblos, ciudades o sociedades enteras.


Las armas más potentes son, claro, las más peligrosas. Hay normativas muy estrictas sobre la utilización de armamento y, en general, solo las personas formadas, preparadas y educadas para el correcto uso de las armas de fuego y con una justificación razonable (profesional o de otro tipo) están autorizadas a hacerlo. 


Resulta utópico pensar en que las armas desaparezcan, pero todos conocemos los peligros de su manejo descontrolado, por lo que es imprescindible contar con una estricta regulación que nos proteja, como sociedad y como individuos. No me refiero al uso de pistolas, rifles, escopetas, explosivos, bombas, etcétera. Con motivo del Día Mundial de la Propiedad Intelectual y de los derechos de autor que hoy se celebra, quiero, con esta dura metáfora, llamar la atención sobre la utilización de otras armas de destrucción masiva que amenazan nuestro orden social, económico, político y cultural: las herramientas de inteligencia artificial generativa (IA). Armas de destrucción del conocimiento, de la creatividad, de la libertad de expresión en definitiva.


Los escritores y traductores en España confiamos en que nuestras instituciones se esfuercen y actúen con rapidez en defensa de la creación humana y de la propiedad intelectual


A pesar de las innegables cualidades positivas que la IA puede ofrecer en muchos ámbitos, es necesario alertar sobre los riesgos que conlleva esta poderosa tecnología y algunos de los enormes problemas que ya está creando. El primero de los conflictos se ha generado antes de su uso, en su propia configuración.


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La munición que estas armas necesitan para funcionar es el contenido: en el ámbito de la creación literaria, del periodismo, de la traducción y de la creación artística en general, son los libros, periódicos, revistas, estudios, informes, páginas web, textos, imágenes y vídeos difundidos en redes sociales… Sin estos contenidos, sus cañones no tienen nada que disparar. Y lo que han hecho, tanto sus desarrolladores como las administraciones públicas (incluidas universidades y sistemas educativos), ha sido entrar en todos los polvorines del planeta, apropiarse de toda la munición que han podido y a continuación poner a la venta su arsenal cargado con balas robadas. Ni pidieron permiso para entrar en los almacenes, ni pagaron por el uso de la munición, ni informaron a sus propietarios sobre ello, ni formaron a los usuarios en la correcta utilización de su armamento. Autorización, remuneración y transparencia: eso es lo que exigimos los escritores a las grandes empresas e instituciones que desarrollan las plataformas de inteligencia artificial generativa que han utilizado y utilizan nuestros contenidos para alimentarlas con el desconocimiento de los autores, sin su permiso y con una plena opacidad en los usos de obras protegidas por la Ley de Propiedad Intelectual. Olvidando, además, que los derechos de autor se encuentran recogidos en el artículo 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948.


Hoy decenas de miles de creadores en todo el mundo sienten la misma preocupación: desde los cineastas y guionistas de Hollywood hasta los escritores británicos y los autores, traductores y periodistas europeos  (y por supuesto, editores de libros y editores de prensa) reclaman el control en el uso de sus creaciones y publicaciones. Y en algunos países ya ha habido sentencias judiciales, acuerdos extrajudiciales o regulaciones que han puesto límites o han fijado las compensaciones.


No podemos permitirnos que empresas privadas e instituciones públicas realicen expropiaciones forzosas y gratuitas del contenido elaborado por personas que ni siquiera son informadas sobre ese uso


El Gobierno español se ha manifestado en muchas ocasiones a favor del desarrollo de una inteligencia artificial ética y responsable. El propio presidente del Gobierno participó el 22 de abril en la primera reunión del Panel de Expertos en Inteligencia Artificial de Naciones Unidas y en ella expresó sin equívocos que la IA debe ser canalizada “con una mirada humanista y moral, para que la tecnología más transformadora de nuestro tiempo avance en la misma dirección que nuestras democracias: con derechos protegidos, con seguridad jurídica, y con confianza”. 


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Es un mensaje ampliamente compartido, pero después de las palabras deben llegar los hechos. España tiene una gran oportunidad para convertirse en referente internacional en la protección de la creación humana, no mediante el ataque al uso de la inteligencia artificial que la amenaza, sino a través de una regulación exigente que garantice los principios que vienen reclamando las entidades profesionales de autores y periodistas y sus federaciones internacionales, entre ellas el Consejo Europeo de Escritores- EWC, de autorización, remuneración y transparencia. 


Los escritores y traductores en España confiamos en que nuestras instituciones se esfuercen y actúen con rapidez en defensa de la creación humana y de la propiedad intelectual, que ejerzan un liderazgo en la materia basado en la búsqueda de un gran acuerdo con las entidades de gestión y con las organizaciones autorales: con los creadores, en definitiva. Si se permite el expolio de nuestras obras, tanto el ya realizado como el futuro, acabaremos en poco tiempo con la creatividad estrictamente humana y, así, con una parte importante de nuestra cultura —lo que supone, sin duda, quebrar las bases de la democracia— depositando en el algoritmo, un ente basado en matemáticas, cuyo control y orientación se decide y articula por minorías económicamente poderosas, esa responsabilidad y esa función, lo que supone, de facto, la sustitución de la inteligencia y la creatividad de hombres y mujeres en un campo tan radicalmente humano como la creación literaria y artística. 


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No podemos permitirnos que empresas privadas e instituciones públicas realicen expropiaciones forzosas y gratuitas del contenido elaborado por personas que ni siquiera son informadas sobre ese uso, de la misma manera que no podríamos aceptar que, siguiendo la lógica de la metáfora, empresas privadas e instituciones públicas pusieran en manos de la población gigantescos arsenales. 


A veces, las armas más peligrosas y destructivas se disfrazan de avances tecnológicos, pero cuando su uso no está controlado de manera estricta, terminan arrasando pueblos, ciudades o sociedades enteras. Es, en verdad, una dura metáfora. Pero nada alejada de una realidad posible en la evolución de la creatividad y el conocimiento humanos.



Escritor y crítico literario. Preside la Asociación Colegial de Escritoras y Escritores y es portavoz de la Conferencia de Asociaciones de Escritoras/es





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