Escrito con IA: el nuevo delirio editorial
1/11/2026
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scrito con IA: el nuevo delirio editorial .Pangram: un antes y un despuésEl sector advierte de la “paranoia” que provocan los detectores robóticos y denuncia la “caza de brujas” .
No quiere que se sepa su nombre. Nunca había imaginado que algún día tendría que ocultar su identidad pues, a lo largo de sus más de 30 años de carrera literaria, siempre ha dado entrevistas a cara descubierta. Pero esta vez es diferente. Su editorial le llamó hace un par de semanas para advertirle de que se había detectado un uso de IA en la redacción de su último libro. Si tuvieron la deferencia de llamarle es por su trayectoria, “sino no me hubieran dejado explicarme”, admite el autor por teléfono.
El problema es que él tampoco encuentra explicación alguna a la “pesadilla” que está viviendo. “En un primer momento me reí porque pensaba que era una broma. ¿Cómo iba a hacer algo así? Vivo de la escritura. Mis libros están traducidos al inglés, al portugués, al italiano, al turco... tengo una carrera no solo literaria, sino que también audiovisual. ¿Cómo iba a jugármela?”. No tardó en darse cuenta de que las palabras de su editor iban en serio y que su preocupación era cada vez mayor. “El asunto no solo me está afectando a mí, también a él como editor, ya que superiores ponían en evidencia su papel por haber decidido editar mi libro”. ¡Se me quitan las ganas de escribir! Puede ser mi palabra contra la de un robot y terminar en un tribunal” Susana Peix La agencia literaria Antonia Kerrigan, representante del autor, recuerda que “a día de hoy, no tenemos la potestad para determinar con total seguridad que un texto haya estado creado o no con IA”. Alude también lo sucedido la semana pasada con la editorial mexicana Almadía y David Silva Rojas, ganador del premio internacional de novela breve que entrega junto a la Fundación Ventosa Arrufat, acusado de usar la IA en la obra Dónde el agua trabaja, según una investigación de El País: “El autor ha sido objeto de un escarnio público y se ha puesto también en el foco a la editorial, no por lo bien que lo ha hecho durante este tiempo, sino por una sospecha que les ha llegado como un tsunami sin aviso”.
El escritor Enrique Dans asegura en una llamada a este diario que “hay un antes y un después de Pangram”, una de las plataformas de detección de IA más utilizadas en el sector editorial, que promete ser una de las más exigentes del mercado. A él le sucedió algo similar a lo que cuenta el anterior autor. “Una de las revistas con las que publico en Estados Unidos me dijo que escribía con IA. Yo les expliqué que lo que suelo hacer es escribir en español y que para lo único que uso la IA es para traducirme, pero que el texto original es mío, lo he escrito yo al completo sin ayuda alguna. Pero, ¿cómo diablos lo demuestro? ¿Envío un vídeo mientras escribo?”.
No son pocos los que admiten que últimamente parece que en la industria hay una “caza de brujas”. De hecho, cada vez son más habituales los vídeos en TikTok en los que algunos creadores explican cómo guardar historiales de versiones en Word o Drive, por si en un futuro son acusados, poder demostrar su autoría. “¡Se me quitan las ganas de escribir!”, admite la escritora Susana Peix, que no oculta que, por el momento, ha decidido no presentarse a concursos literarios: “Debes firmar conforme no has usado inteligencia artificial. Pero, ¿de qué sirve eso si luego se me va a poner en entredicho, en el caso de que una IA me acuse? Si eso ocurriera, sería mi palabra contra la de un robot y podría terminar en un tribunal. ¿Me vale la pena?”.
Pese a que son mayoría los sellos y agencias literarias que, por el momento, deciden no optar por el uso de herramientas de detección de IA como Pangram, cabe decir que poco a poco su uso se extiende. Fuentes del grupo Planeta explican a este diario que está utilizando “varios programas de software” en los manuscritos “de manera progresiva, en la medida que las últimas versiones de estos programas están cada vez más perfeccionadas”. Penguin Random House, por su parte, asegura que “las decisiones sobre qué obras publicar siempre corresponden a personas”, aunque fuentes internas reconocen que “en una situación concreta, que genere dudas, podemos hacer comprobaciones adicionales con este tipo de herramientas, pero siempre como apoyo y nunca en sustitución del criterio editorial”.
“La etiqueta de autoría cambia completamente la valoración sobre un texto”, señala Daniel Benchimol Estos mecanismos “no son infalibles”, insiste el ex agente literario y actual consultor para escritores Willy Schavelzon, que hizo una prueba hace dos meses con la versión gratuita de Pangram con la novela de Héctor Tizón, Fuego en Casabindo, publicada en 1969, “cuando no existía ni Internet”, y dio un 78% de uso de IA. También la hicieron en la agencia Carmen Balcells con El señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias, de 1946 e igualmente se detectaron rastros robóticos. Esta semana, La Vanguardia ha comprobado ambas obras con el mismo detector y el veredicto ha cambiado a humano.
La explicación que da Javier Arroyo, profesor de Ciencias de la Computación en la Universidad de Alcalá, es la “constante actualización” de estos programas, y más ahora, ante la creciente demanda y explica que “se entrena el algoritmo con los casos que falló anteriormente, para conseguir que se fije aún más en detalles sutiles”, por lo que obras actuales que hoy dan positivo podrían llegar a no darlo más adelante. Y menciona otro punto, que deja en el aire, aunque adelanta que no hay muchos estudios al respecto: el idioma. ¿Son igual de efectivas estas plataformas en español que en inglés?.
Por su parte, Lluís Codina, investigador y profesor en la Universidad Pompeu Fabra, informa de que “son más habituales los falsos negativos que los falsos positivos” y se convence de que “un escritor que conozca muy bien el funcionamiento de la IA puede hacer lo que quiera, pues hasta los propios ChatGPT ofrecen herramientas para humanizar textos”. Muchos de ellos terminan con autoedición o en Amazon, que en tiempos de IA se ha visto obligado a poner un límite en la cantidad de libros que un autor puede subir por día.
Daniel Benchimol, consultor del sector editorial, asegura que cada vez está más instaurado el uso de IA entre escritores, “lo que pasa es que no se suele admitir porque esto causa un repudio social, incluso cuando estos usos podrían ser válidos. Me refiero a que no se emplea para generar un texto ni en el proceso creativo en sí, sino para documentarse, desarrollar un personaje, pulir un texto o tener ideas que eviten la página en blanco”. Esta última es una función que la propia Nobel Olga Tokarczuk ha reconocido que le da a la tecnología. “A menudo le presento una idea a la máquina para que la analice, preguntándole: ‘Cariño, ¿cómo podríamos desarrollar esto de forma magistral?’”, confesó, generando un revuelo en las redes, pese a haber especificado que no delegaba su redacción posterior.
En vista de casos como este, Benchimol prosigue: “La etiqueta de autoría cambia la valoración sobre un texto pues, de saber que es una IA baja la calificación de forma drástica. Y es que los modelos más potentes escriben no como Borges, pero sí lo suficiente como para despertar emociones en el lector, lo que nos podría llevar a preguntarnos, qué es en realidad una buena historia. ¿Es imprescindible la huella humana?”.
La gran mayoría del sector quiere pensar que sí. Eso no quita que los manuscritos escritos con IA se hayan duplicado en este último año en editoriales y agencias literarias, tal y como asegura Sandra Bruna. “Cuando llega un nuevo autor sí que usamos la plataforma. Con nuestros escritores de siempre no empleamos este método, ahí nos basamos en la confianza”. El problema, lamenta Joan Tarrida desde Galaxia Gutenberg, es que el sector se enfrenta a “una de las mayores crisis de confianza que se recuerdan, aunque esta puede disminuir con una entrevista. Hablando con alguien es cuando te puedes dar cuenta de si esa persona ha sido capaz de escribir el libro que ha entregado”. Lara Gómez Ruiz- Lavanguardia
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