Dimarts, 26 de maig de 2020



Castellano  


Celia Filipetto, responsable de traducir al castellano la saga ’Dos amigas’, de Elena Ferrante, cuenta a ‘La Vanguardia’ cómo es convertirse en la cara visible de una autora sin rostro
acec19/11/2018



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Son muchos los autores que a lo largo de la historia de la literatura han optado por usar un pseudónimo, bien sea por cuestiones de género, religiosas o, simplemente, de privacidad. Sin embargo, son muy pocos los que su férrea convicción ha llegado tan lejos como la de Elena Ferrante. Conocida también como la escritora fantasma, nadie conoce su verdadera identidad. Un misterio que ha llegado a ser objeto de estudio. El reportero italiano Claudio Gatti tiró del hilo hasta llegar a una conclusión bastante sólida: la autora de la tetralogía Las dos amigas, de un éxito indiscutible a nivel global, es la traductora freelance Anita Raja . Una afirmación que ella misma se ha encargado una y mil veces de negar.


Ante su negativa, la duda siempre permanecerá. Y con ella, el misterio. ¿cuestión de marketing? Es probable, aunque la escritora lo toma más como un reto y la demostración de una convicción. “La mía es una pequeña apuesta conmigo misma, con mis convicciones. Creo que, una vez escritos, los libros no necesitan en absoluto a sus autores. Si tienen algo que contar, tarde o temprano encontrarán lectores; si no, no”, escribía por carta Ferrante a la editora Sandra Ozzola antes de la publicación en Italia en 1992 de L’amore molesto, su primera novela.


Sus condiciones estaban claras, como bien especificaba en la misma misiva. “No pienso hacer nada que suponga el compromiso público de mi persona. Ya he hecho suficiente por este cuento largo: lo escribí; si el libro tiene algún valor, debería ser suficiente. No participaré en debates y congresos, si me invitaran. No iré a retirar premios, si quisieran dármelos. Nunca haré promoción del libro, sobre todo en la televisión, ni en Italia ni, llegado el caso, en el extranjero. Intervendré únicamente a través de la escritura, pero me inclinaría por limitar también esto último a lo mínimo indispensable[…]Seré la autora menos costosa de la editorial. Os ahorraréis incluso mi presencia”.


El sector del libro decidió apostar por ella. Y acertaron, hasta el punto de convertirse en una de las novelas contemporáneas más importantes en lengua italiana, y todo un éxito de ventas a nivel mundial. Un triunfo que ha llevado también a la plataforma HBO a apostar por ella, pues este mismo lunes se estrenó la serie La amiga estupenda, que narra la vida de la historia de Lènu y Lila en el Nápoles más profundo de finales del siglo XX. Pero el panorama que dejaba Ferrante antes de que todo se convirtiera en oro era todo un reto para los editores. ¿Cómo iban a poder hablar de la novela, presentarle y crear debate entorno a ella si nadie acudía a defenderla? Ahí entraba un papel importante: el de los traductores.


La Vanguardia ha contactado con Celia Filipetto, la encargada de hacer posible que los lectores pudieran disfrutar de la saga Dos amigas en castellano. Tampoco ella ha tenido jamás contacto directo con la autora, sin embargo, tal y como reconoce a este diario, el poder traducir sus textos “me ha permitido por primera vez en muchos años de oficio conocer a los lectores en persona”, pues asegura, “el hecho de que Elena Ferrante haya decidido no mostrar su persona ha permitido que todos sus traductores adquiriésemos más protagonismo de lo que es habitual en nuestro oficio”.


Y es que no es habitual que los traductores den la cara y defiendan una novela como si fuera suya, aunque en cierto modo lo sea. Así pues, la decisión de los autores con pseudónimos y, aquí más concretamente, la de Ferrante, ha visibilizado un poco más el trabajo de estos profesionales, desgraciadamente olvidado por unos cuantos. La misma Filipetto lo reconocía hace un tiempo en el medio CTXT, donde sentenciaba que “los traductores llevamos miles de años traduciendo, billones de palabras traducidas, pero no existimos más que para nuestra familia, nuestros allegados, nuestros editores (cuando se acuerdan de nosotros y nos encargan una traducción). Ah, y para algún crítico que, de vez en cuando, nos dedica un adjetivo. O dos”.


Filipetto reconoce la oportunidad que Ferrante le ha brindado y, con ello, la posibilidad de hacer visible su oficio. “Con Silvia Querini, ex editora de Lumen, visitamos varias librerías, entre ellas, No Llegiu, de Barcelona, Llibreria Roca, de Valls, y l’Espolsada Llibres, de Corró d’Avall[…] Para mí fue toda una novedad, una experiencia interesante. Recuerdo a una lectora que comentó muy emocionada que estas novelas le habían removido cosas muy íntimas que no sabía que llevaba dentro; sintió que esas historias la interpelaban. Fue para mí una gran alegría. Había leído mi traducción”.



“La valoración de mi trabajo sigue siendo la misma. Sin embargo, el reconocimiento a mi labor con estos textos ha sido inmenso. Dos novelas de la saga han merecido los premios de traducción concedidos por dos asociaciones profesionales de traductores. En 2015 Las deudas del cuerpo, obtuvo el X Premio de Traducción Esther Benítez, que deciden con sus votos los socios de ACE Traductores; en 2016 La niña perdida mereció el XIX Premio Ángel Crespo de Traducción, otorgado por ACEC-Asociación Colegial de Escritores de Catalunya. Traducir los textos de Ferrante me ha dado muchas satisfacciones. Ojalá se publiquen otros y ojalá pueda traerlos al castellano”, reconoce.


Para mí fue toda una novedad, una experiencia interesante. Recuerdo a una lectora que comentó muy emocionada que estas novelas le habían removido cosas muy íntimas que no sabía que llevaba dentro; sintió que esas historias la interpelaban. Fue para mí una gran alegría. Había leído mi traducción”

 

Laura Gómez Ruiz - La Vanguardia 20-11-2018
 



   
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