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La persona que es el río
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La persona que es el río
  11/5/2026



R obert Macfarlane recorre tres ríos en tres continentes y explora sus características, su salud medioambiental y sus niveles de protección jurídica
Desde su primer libro, Las montañas de la mente, Robert Macfarlane (Halam, Inglaterra, 1976) es una voz imprescindible de la liternatura de todo el mundo, y ha detectado que, a pesar de lo que pueda inferirse de los titulares mediáticos y el blablablá generalizado, muy poca gente está por la labor real de cambiar inercias medioambientales. Por eso, busca fórmulas literarias que lleven a reaccionar.

¿Están vivos los ríos? / Són vius els rius? interpela desde el mismo título, conectado a la sentencia que en 2017 declaró como persona jurídica al neozelandés río Whanganui, obligando a protegerlo como al ser vivo que se le reconocía ser. Para responder a la pregunta, Macfarlane recorre tres ríos, con sus hijos siempre en mente.

El autor interpela desde el mismo título en referencia a un fallo de 2017 que declaró un río como persona jurídica
El primero, Los Cedros, fluye por Ecuador, el primer país que en 2008 incorporó los Derechos de la Naturaleza en su Constitución. Situado en el bosque nuboso donde habitan el capuchino de cabeza blanca o el ficus estrangulador, Los Cedros acaudala una biodiversidad asombrosa cada vez más amenazada por la alianza entre narcos y minería ilegal. Para contrarrestar la agresión se redactó una sentencia equiparando los derechos del río a los de cualquier sujeto. De todas formas, el mismo gobierno que promulgó la innovadora Constitución acabaría ampliando su actividad extractiva y acusando a los opositores de ser una “izquierda infantil”.

El segundo capítulo aborda la hipercontaminada constelación fluvial de Chennai, incluyendo al lago Vedathangal, santuario de aves acuáticas muy degradado por la fábrica Sun Pharma. Macfarlane describe a peregrinos hindúes que aspiran a librarse del infierno bañándose en lodo tóxico, o alerta sobre el peligro de extinción de especies de tortugas con más de 120 millones de años de antigüedad. El escritor se alista en la lucha contra la fábrica mientras recuerda a Thomas Berry proponiendo unos Derechos de la Tierra que penalicen los “riocidios” y levanten imaginarios que nos permitan entendernos como cuerpos de agua para así entender a los cuerpos de agua no humanos.

El descenso que traza del canadiense Mutejekau es una aventura vibrante y física, toda una rareza
El descenso por el vibrante y aún limpio río canadiense Mutehekau es una aventura extrema, toda una rareza en Macfarlane. Navega en kayak durante kilómetros picado por moscas negras, revolcado por rápidos escalofriantes, sintiendo miedo y fascinación. Es un capítulo muy físico, aunque también trata la reciente irrupción de leyes ecocéntricas en Norteamérica, especificando que, si bien no logran gran cosa, sientan bases para el futuro.

Como ya es costumbre en él, ilustra sus crónicas con citas, Historia, leyendas, apelando de la misma manera a Ursula K. Le Guin o Robin Wall Kimmerer que a Krishnamurti, y desliza deliciosos episodios protagonizados por Naturaleza. Sin embargo, el resultado es desigual.

El resultado es desigual: engarza grandes historias y conocimientos pero falla en algunos diálogos y escenas de acción
Un posible motivo: hace una década, el escritor Mark Cocker reprochó a Macfarlane que ofreciera una visión edulcorada de los espacios que narraba cuando lo que era urgente era enfrentar el deterioro ecosistémico global de manera contundente. Macfarlane vino a responder que él apostaba por propiciar la reacción seduciendo a fuerza de belleza pero es verdad que, sin renunciar a esta postura, sus dos últimos libros extensos exploran la denuncia más a fondo, añadiendo más diálogos y reflexiones en geografías no británicas. Ha abandonado su zona de confort, aunque también podríamos decir virtuosa.

Así, igual que engarza historias fenomenales de ríos fantasma con los conocimientos hidrológicos de un Leonardo Da Vinci, o confirma su magia para enhebrar teoría, suceso y anécdota, también renquea al sobreintelectualizar varios diálogos, o en las escenas de acción, diluidas justo por lo que le achaca una poeta en Canadá: piensas demasiado.

Al margen de esos desequilibrios, fruto de los desafíos que el propio Macfarlane se impone, este libro invita a pensar, desde interesantísimas perspectivas y con muchos iluminadores momentos, qué es un río para nosotros, y cómo deseamos relacionarnos con él.


Gabi Martínez-Lavanguardia





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