'El club de las modernas', la historia olvidada de las precursoras del Lyceum Club Femenino
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'El club de las modernas', la historia olvidada de las precursoras del Lyceum Club Femenino
17/6/2026
N
o pertenece al género de la ficción lo que ofrece este libro, pero sí a una suerte de periodismo narrativo que discurre entre el ensayo divulgativo, la exploración personal y la crónica de lo que significó el Lyceum Club Femenino en la vida social e intelectual de su tiempo, en una España atravesada de tension El club de las modernas nace de la voluntad de su autora, Eva Cosculluela (Zaragoza, 1972), periodista cultural y traductora, de construir un relato necesario sobre el club de mujeres cosmopolitas, audaces y diversas que, en 1926, supieron vencer sus diferencias y crearon un espacio cultural propio, decisivo en la vida pública española.
Cuenta la autora, en la génesis del libro, su estupor y su rabia frente a la ausencia de referencias en torno a la trascendencia de este legado. Tras constatar que sus acciones y sus conquistas estaban llenas de espacios en blanco, decidió rastrear a aquellas mujeres “modernas”, adelantadas a su tiempo, y rendir tributo a lo que supuso un acontecimiento tan celebrado como atacado.
Advierte, en fin, de cómo su defensa de la formación, la cultura y el intercambio de ideas representó un trascendental avance en la consecución de derechos para las mujeres. En los diez años de vida que tuvo el Lyceum (1926-1936), la nómina de las que impulsaron la iniciativa incluye a María de Maeztu (su primera presidenta), Isabel Oyarzábal, Victoria Kent, Clara Campoamor, Concha Méndez, María Teresa León, María Lejárraga, Zenobia Camprubí, Ernestina de Champourcin, Carmen Baroja… entre otras muchas. Si no pudimos estimarla en su justa medida, aduce la autora, es “porque no nos lo han contado”.
El club de las modernas salda cuentas con este silencio; hurga en hemerotecas, diarios y epistolarios; en los recuerdos escritos de algunas liceístas y en la memoria de sus descendientes.
El resultado es una investigación exhaustiva, producto del esfuerzo por construir el relato de lo que fue, y hoy solo existe en la memoria sin archivo que lo custodie. Y es también el empeño por reconstruir voces y vidas, unido al compromiso por explorar el significado de los términos que cosen su discurso: vindicación, sororidad, progreso, feminismo, igualdad.
Para componer su relato, articula la historia en tres grandes secuencias temporales que dan cuenta de lo que abarcó esa década: los primeros pasos, los años de efervescencia y el final de un sueño truncado.
Asociados a esa etapa están los significados cambios de la política de entonces: nace en medio de una dictadura, vive el nacimiento de una república y desaparece tras el estallido de la Guerra Civil.
No hay nada exento de interés en esta historia y en el relato que de ella hace la autora: la gestación del proyecto, la inspiración del nombre, el ejemplo de modelos europeos, la actividad transversal que lleva a cabo, el esfuerzo de las fundadoras al ofrecer su talento, su tiempo y su dinero para crear una asociación cultural feminista destinada a defender la igualdad y la plena libertad de la mujer en el mundo de la educación y del trabajo.
Eva Cosculluela, mientras escribe, se involucra en lo que cuenta y se cuenta ella misma. Naturalidad y rigor conforman su estilo. Así, logra un triple objetivo al que conviene atender: de un lado, describir cómo era la España donde nacía aquel club y ofrecer un retrato de las mujeres que, en ella, protagonizaron y gestaron sus propósitos.
Del otro, hacernos cómplices de la trascendencia de un legado centrado en la importancia de la cultura y la educación como herramienta transformadora. Era su empeño rendirles tributo y así lo consigue, armada de razón y de palabras. Cien años después.