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Muere el cineasta Gonzalo Suárez a los 92 años
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Muere el cineasta Gonzalo Suárez a los 92 años
  30/9/2026



E l escritor, guionista y director de cine español recibió el Goya a la mejor dirección por 'Remando al viento'

Escritor, guionista, actor, periodista y director de cine, Gonzalo Suárez ha fallecido este martes a los 92 en su domicilio de Madrid tras dejar atrás una carrera polisémica que le valió premios y reconocimientos hasta el final de su vida, como el Goya de Honor recibido el pasado año tras experimentar “con todos los géneros y desde todas las actitudes”, como apuntó la Academia del Cine al otorgarle el galardón.

A lo largo de su vida, Suárez trabajó en medio centenar de películas como director de guionista, además de publicar una quincena de libros, aunque su trabajo más conocido es Remando al viento. El filme estrenado en 1988 recorre la biografía de Mary Shelley con un reparto que incluía actores internacionales formado por Hugh Grant, Elizabeth Hurley, Lizzy McInnerny, José Luis Gómez y Aitana Sánchez-Gijón. La película logró seis premios Goya, incluido el de mejor director para Suárez, además de la Concha de Plata en el festival de San Sebastián.

Nacido en Oviedo en 1934, Suárez se trasladó a Madrid de niño acompañando a su padre, catedrático de francés y corrector. A los 10 años ingresó en el Liceo Francés para recibir una educación que su padre completó adentrándole en el mundo cultural del país vecino, y en 1951 ingresó en la universidad para estudiar Filosofía y Letras a la vez que se iniciaba en la pintura, estudiando en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, además de participar en el Teatro Español Universitario (TEU).

Por aquellos años sus padres se separaron, y su madre inició una relación con el entrenador Helenio Herrera, con el que acabaría casándose. De resultas de aquella unión, Gonzalo añadió a sus trabajos el de ojeador de fútbol ocasional.

Dejó la carrera para instalarse en Francia –trabajó en París como embalador de supositorios– y regresar en 1958 a Barcelona, casado ya con Hélene Girard, editora de cine de origen canadiense a la que conoció en París, y que fue su pareja por el resto de sus días. En la capital catalana trabajó como periodista deportivo especializado en fútbol y boxeo bajo el seudónimo de Martín Girard, unas crónicas reunidas en el 2006 en el libro La suela de mis zapatos. Pasos y andanzas de Martín Girard.

Durante sus años en Barcelona, ciudad donde nacieron sus cuatro hijos, participó en la creación de la llamada Escuela de Barcelona, influida por la nueva ola francesa en contraposición al cine realista que se hacía en Madrid; una visión que compartía con Vicente Aranda, Joaquim Jordá, Pere Portabella, Jaime Camino o Román Gubern. De allí salieron, a finales de los sesenta, sus primeros trabajos como el corto mudo El horrible ser nunca visto (1966) o Ditirambo vela por nosotros (1967), que también produjo, escribió y protagonizó a partir de su novela Rocabruno bate a Ditirambo. Este título dio origen a su primer largometraje, Ditirambo, en 1967, gracias a la financiación de Angelo Moratti, por aquel entonces presidente del Inter de Milan, con quien contactó por intermediación de Helenio Herrera. El protagonista de la historia, que nunca sonríe y siempre dice la verdad, también puso nombre a su productora, Ditirambo Films. 

Este título dio origen a su primer largometraje, Ditirambo, en 1967, gracias a la financiación de Angelo Moratti, por aquel entonces presidente del Inter de Milan, con quien contactó por intermediación de Helenio Herrera. El protagonista de la historia, que nunca sonríe y siempre dice la verdad, también puso nombre a su productora, Ditirambo Films.

Fracasó en el cine experimental con Aoom en 1970 -fue abucheada en San Sebastián-, pero Suárez logró su primer éxito dirigiendo a Ana Belén y Víctor Manuel en Morbo, que el propio director definió como “una película de supervivencia que tuvo muchísimo éxito porque ellos eran famosos y se casaron”. Él, por el contrario, se moría de vergüenza “porque eran tiempos en los que tener éxito era una vergüenza”, recordaría Suárez años después.

Tras rodar clásicos como La Regenta o Los pazos de Ulloa -esta para la televisión- Suárez alcanzó el reconocimiento en los años ochenta gracias a Epílogo y la mencionada Remando al viento, al mismo tiempo que desarrollaba una carrera literaria a la que definía como “una amante clandestina y a la vez legítima” que dio a luz títulos como El caso de las cabezas cortadas, La suela de mis zapatos, El cementerio azul, Con el cielo a cuestas, La musa intrusa o Ciudadano Sade.

Pese a ubicarla en este papel secundario, la faceta de Suárez como escritor mereció igual respeto que la de cineasta, además de granjearle amistades como la de Ray Bradbury o Julio Cortázar (también hablaba con Orson Welles o Sam Peckinpah, a quien escribió un guión basado en una de sus novelas).

“¿Escritor que hace cine, cineasta que regresa a la literatura?” se preguntaba el autor de Rayuela sobre su amigo. “De cuando en cuando hay mariposas que se niegan a dejarse clavar en el cartón de las bibliografías”, concluía con una visión a la de Javier Cercas, que escribió su tesis sobre Suárez y afirmó que, si no ocupaba un espacio determinado en el panorama español, es “porque se ha negado a ocupar lugar alguno”.


Sergio Lozano-Lavanguardia




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