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Anna Caballé: “Que alguien tuviera sida en los 80 era algo así como tener la lepra”
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Anna Caballé: “Que alguien tuviera sida en los 80 era algo así como tener la lepra”
  5/11/2026



A nna Caballé narra la cara B de la heroína, que sufrió de primera mano el poeta Carlos Caballé



Durante muchos años, Anna Caballé apenas hablaba de su hermano. Su madre no podía siquiera pronunciar su nombre. “Que alguien tuviera sida en los 80, era algo así como tener la lepra”, reconoce la profesora y biógrafa a La Vanguardia durante las jornadas literarias Formentor, que tienen lugar estos días en Mallorca. Carlos Caballé falleció de sida en 1993, a la temprana edad de 33 años, tras poco más de una década adicto a la heroína. Ahora, su hermana cuenta su historia en El soñador de refugios (Galaxia Gutenberg), un libro en el que las voces de dos hermanos siguen conectadas, aunque sea en tiempos distintos.

Antes de que Carlos muriera, le anunció a la autora que le dejaría en su testamento un total de 86 cuadernos en los que, a lo largo de su vida, había apuntado reflexiones, poemas y escritos de todo tipo. Sabía que, si alguien podía ayudarlo a publicar, esa no iba a ser otra que su hermana, que por entonces ya estaba ligada al mundo de la literatura. “Pero yo era joven, no tenía entonces tantos contactos como él pensaba. Además, un tiempo antes ya había confiado en mí para que le ayudara a abrirse camino en la poesía pero no supe cómo hacerlo, así que me conmovió que insistiera”. La viuda era consciente de esa promesa, pero le confesó a la autora que le costaba mucho desprenderse en ese momento de los papeles, así que comprendió que se los quedara.

A raíz del libro de Anna Caballé, la editorial ContraVerso publicará los inéditos de su hermano
Muchos años después, las cajas volvieron a ella. “Admito que sentí de nuevo el peso de la conciencia. La pelota volvía a mi tejado y eso me abrumó porque seguía sin saber bien qué hacer. En esos momentos yo estaba inmersa en la biografía de Concepción Arenal y no quería pensar en otra cosa, así que dejé las cajas depositadas en lo más alto de una estantería de la Unidad de Estudios Biográficos, el centro de investigación que fundé con la ayuda del Estado”.

Caballé tranquilizó su conciencia diciéndose que tenía mucho trabajo. Y así era. “Hubo, sin embargo, un momento en el que yo viajé a Brasil para documentarme para otro libro, el de Rosa Chacel [Íntima Atlántida], y pensé: ‘Me he venido hasta aquí por ella pero no he sido capaz de abrir por mi hermano las cajas que están en el despacho'”.

Caballé admite que eso siempre le había pesado, el haber hecho poco, el no haber podido ayudar, personal y literariamente. Lo que le acabó de animar a dar el paso es que una estudiante le pidió consultar todos los documentos, pues estaba interesada en centrar su tesis de doctorado en Carlos. “Y ahí ya pensé que no, que primero tenía que investigar yo y enfrentarme a mi pasado, ese que tanto rehuía”.

Haber escrito este libro, ha brindado, al fin, “paz” a la biógrafa. “Encontrar el tono fue básico. Una vez lo tuve, la escritura fue muy rápida. Lo duro había sido el paso previo, enfrentarme a todo el material y leer los textos, dándome cuenta de lo mucho que había sufrido”, reconoce, y señala: “Si yo me hubiera presentado en una editorial con todos los poemas de mi hermano, no me hubieran entendido porque hay todavía muchos poetas pendientes de publicar. Él no era conocido, aunque sacó algún libro en vida. Creí mejor explicar su historia, que la gente conociera a Carlos Caballé. Su vida, su poesía y su contexto, con una adicción y una enfermedad de por medio. Solo así se puede entender que algunos de sus versos fueran tan oscuros. Y creía, además, que tenía que ser un libro de los dos, pues contando su historia, también se vislumbra parte de la mía. No podría haber escrito nada de esto entonces, ni hace 30 años, porque ni siquiera yo sabía quién era. Ahora que sí lo sé y tengo ya una edad, he podido ayudarlo”.

Fue duro enfrentarme a todo el material y leer los textos, dándome cuenta de lo mucho que había sufrido mi hermano”
Carlos trató de hallar distintos refugios a lo largo de su vida, de ahí el título del libro. No soportaba que sus padres se llevaran mal. “Da mucha lástima pensar que dos seres como mis padres ­–fuertes, bellos, con carácter– no fueran capaces de entenderse ni cinco minutos a lo largo de cincuenta años”, lamenta la biógrafa en sus páginas. “Cada uno de los hermanos hicimos lo que pudimos para sobrevivir porque esto, sin duda, nos marcó. Pero Carlos era el más sensible de todos, y fue el que menos lo soportó, pues creó un sentimiento de desolación existencial”. Su primer refugio fue Dios, por ello estudió en el Seminario de Montealegre. Pero una vez salió de allí, tuvo que enfrentarse al mundo. El segundo fue la escritura y la poesía, que le acompañaron a lo largo de su vida. Y, por último, con 17 años, ya vino la heroína. “No cabe decir que todos esos refugios fueron fallidos”.

La escritura, no obstante, parece que en este libro de su hermana halla ahora su razón de ser, más allá del desahogo que supuso en su momento. Además, a raíz de esta publicación, la editorial ContraVerso se ha interesado por el material y publicará próximamente la obra de Carlos Caballé, con cientos de inéditos.


Lara Gómez Ruiz-Lavanguardia




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