Martes, 14 de julio de  2020



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El reino de la Literatura pierde la poderosa invención de Ana María Matute
Sònia Hernández25/6/2014



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Érase una vez una Literatura que tenía una niña grande que quería ser escritora porque no le gustaba el aspecto de las amigas de su madre y prefería el interior de los armarios en los que se escondían bosques. Era una Literatura con mucha suerte porque el poder de la invención de la niña era ilimitado, aunque sus cuentos estuviesen protagonizados por otros niños tristes, hambrientos, desconcertados y tontos.

De la inagotable imaginación de la niña, surgió el entrañable personaje de una escritora llamada Ana María Matute, maliciosamente ingenua, divertida, talentosa y arrebatadoramente entrañable. Tanto que se atrevía a hablar sin complejos de hadas, de elfos y de reinos mágicos desde una ciudad gris y oscura, la Barcelona creada por otra escritora llamada Carmen Laforet. Allí, armada con un cuaderno lleno de extrañas anotaciones, consiguió el afecto y la admiración de muchos lectores, y premios tan importantes como el Nadal o el Planeta. Sin embargo, la imaginación que la niña escritora había legado a Ana María Matute no cabía dentro de los límites de aquella urbe, por lo que primero buscó asilo en Artámila, escenario de algunas de sus narraciones en las que se describía y se denunciaba la situación en la que había quedado todo un país después de una guerra civil. Tampoco tuvo suficiente con Artámila, por lo que se hizo necesario recurrir a las tierras mágicas del Olvidado Rey Gudú y de Aranmanoth. Incluso circula una leyenda según la cual, mientras transitaba por un camino de uno de esos reinos, se le apareció un macho cabrío que no podía ser sino el demonio. Encuentros como aquel le proporcionaron una terrible tristeza, mucho peor que la de los niños de sus cuentos, y tanta melancolía que apenas si podía hablar o escribir.

Todo el mundo quería escuchar las historias de la escritora que un día había creado la niña procedente del país de la Literatura. Hay un buen número de libros imprescindibles para alimentar la imaginación que llevan su nombre en la portada: Los Abel, Primera Memoria, Pequeño teatro, La torre vigía, Olvidado Rey Gudú, Aranmanoth... Por todo ese trabajo, recibió otros tantos reconocimientos, como el ingreso en la Real Academia de la Lengua o el Premio Cervantes.

El 25 de junio de 2014, la niña que habitaba en el país de la Literatura decidió que ya había tenido suficiente del personaje de la escritora Ana María Matute, y que prefería seguir ella sola explorando los límites imposibles de su imaginación y de los bosques en los que habitan seres mágicos.   




   
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