Jueves, 2 de julio de  2020



Català  


El caballero de la edición
(El Mundo) Matías Néspolo4/9/2014



(Foto:El Punt Avui)
 

Jovial y extremadamente cortés, la pulcritud que derrochaba su aspecto, más que fruto de la pretenciosa vanidad de un dandy, era  la extensión natural de su labor editorial. Así eran sus libros, pulcros y atractivos. Una verdadera fiesta de la inteligencia y el buen gusto. Concebidos para perdurar en el tiempo. Por eso se empeñaba en cuidar hasta el mínimo detalle, desde su amada tipografía italiana Garamond al papel de ph neutro que exigía, para que resistieran al menos cinco centurias.

Y con esa misma elegancia –y valentía– se marchó Jaume Vallcorba de la escena, como irrumpe la muerte en la tragedia griega, siempre fuera de la representación. Se despidió de sus colaboradores más cercanos y se dejó ir, sin dilatar la agonía de lo irrevocable con inútiles paliativos. Y así se fue sin retirarse  del todo después de 35 años de encomiable trabajo editorial, porque consideraba el retiro algo imposible. Se jubila quien trabaja, no quien juega. Y eso era, decía Vallcorba, ese oficio de caballeros al que se dedicaba: un juego. 

 De lo que sí se retiró en 2004 fue de la docencia que compaginó con la edición, dejó la cátedra de literatura europea en la Universidad Pompeu Fabra que había asumido en los años 90, puede que un tanto descorazonado con el lento pero irreversible declinar del sistema educativo que le entregaba alumnos cada vez peor preparados. En la carrera ya no se enseña griego ni latín, pero se sigue llamando filología, se quejaba. Había comenzado en los 70 con un lectorado de catalán y castellano en la Universidad de Burdeos III; pero su verdadero desarrollo académico vendría después, en el departamento de Filología Románica, con Martí de Riquer, su maestro, en la Universidad de Barcelona.

En realidad Vallcorba iba para ciencias, pero siguiendo a un amor de juventud empezó a estudiar la flamante carrera de Filología, en la Autónoma donde acabó doctorándose. Cuando estaba en Burdeos el editor Antoni Bosch lo fue a buscar para que diseñara las cubiertas de Quaderns Crema, una de la colecciones de su sello que luego quebraría. Entonces Vallcorba se decidió a continuar en solitario. Fundó la editorial homónima en 1979, con dos primeros títulos que ya eran una toda declaración de intenciones: las Poesies, de Ausiàs March, a cargo de Joan Ferraté, y El Preludi, de Antoni Marí.

No tardarían en llegar los grandes nombres como la recuperación de Edgar Allan Poe, en traducción de Carles Riba o la Obra Poètica, de J. V. Foix en 14 volúmenes (a cargo del Vallcorba académico); al ritmo de los primeros best seller de la casa, como El romanç de Tristany i Isolda, de Joseph Bédier, o los cuentos de un joven Quim Monzó Uf, va dir ell, –que colaboraba en la nueva editorial– o la Métrica catalana del maestro Riquer. Pero además de los nombres dorados de la literatura catalana, aquella editorial independiente pronto se convirtió en una plataforma para los nuevos autores, como el citado Monzó, que reclamaban su espacio: Sergi Pàmies, Ferran Torrent, Ramon Solsona, Julià de Jòdar, Mercè Ibarz, Francesc Serés, Gabriel Galmés, Eduard Màrquez y tantos otros.

Veinte años después, Vallcorba creó la editorial El Acantilado. En poco tiempo se convirtió en un sello literario de referencia, sobre todo en lo que hace al ámbito centroeuropeo, nombres como Attila Bartis, Peter Stam, Ádám Bodor, Alfred Döblin o el Nobel Imre Kertész. La primera edición completa en castellano de las Memorias de ultratumba, de Chateaubriand o la Vida de Samuel Johnson, de James Boswell.

Todo parece diáfano y sencillo en el universo Vallcorba, incluso en lo que a sus trabajos académicos de un rigor envidiable se refiere. Como su último libro, De la primavera al Paraíso. El amor, de los trovadores a Dante (2013), una espléndida reivindicación de la poesía trovadoresca y el llamado amor cortés en un lugar preeminente dentro de la tradición lírica occidental, que se lee como una deliciosa y ligera nouvelle. “Es una de las lecciones de mi maestro Martí de Riquer, hay que explicar las cosas con la mayor claridad posible”, decía. Otros de sus títulos hoy ya de referencia son: Lectura de la Chanson de Roland (1989) o Noucentrisme, mediterraneisme i classicisme. Apunts per a la historia d’una estètica (1994).

No extraña entonces que los premios y distinciones cosechados a lo largo de su vida apabullen: Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial (2002), Medalla d'Òr  al Mèrit Cultural, del Ayuntamiento de Barcelona (2004), Gran Orden al Mérito Cultural, concedida por la República de Polonia (2005). Reconocimiento al Mérito Editorial de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (2010) y el Premi Nacional de Cultura de la Generalitat de Catalunya (2014).

Si como dice su amigo Jorge Herralde, la vida y el legado de un editor es una novela construida con los títulos encadenados de su catálogo; entonces la de Jaume Vallcorba es doble, catalana y castellana. Quaderns Crema y Acantilado, dos ejemplares y elegantes sellos independientes que ahora quedan huérfanos del pulcro caballero que los engendró. Como huérfana queda con esta pérdida buena parte de la cultura en ambas lenguas.

 

 



   
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