Miércoles, 8 de julio de  2020



Català  


Ángel Crespo y la excelencia
David Castillo27/10/2014



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El balance de las III Jornadas de la Excelencia es sin duda alentador. Se podría afirmar por el éxito de la convocatoria –las dos jornadas la sala Josep Maria de Sagarra del Ateneu estaba llena--, pero sobre todo por la calidad de los ponentes y la figura central que ha supuesto Ángel Crespo para la Asociación Colegial de Escritores de Catalunya. Divididas en tres bloques, que resumían los principales intereses de Crespo, es decir, la poesía, la traducción y la crítica, todos los participantes coincidieron en que la poesía había sido el motivo central de su vida, tal como me confesó hace treinta años en una entrevista para la revista Quimera: “En 1964 decidí renunciar a mi puesto en una importante compañía de seguros de Madrid, en la que trabajaba como abogado y director del departamento de conservación de cartera, y cerrar mi bufete, pues me di cuenta que necesitaba todo mi tiempo para la poesía. Mis ingresos quedaron reducidos en casi un ochenta por ciento, pero...”

Después de la bienvenida a los presentes por parte de Miquel de Palol, presidente de la ACEC, la conferencia inaugural fue a cargo del poeta Francesc Parcerisas, quien evocó el compromiso de Crespo en el ámbito de la traducción de calidad, su hospitalidad y las coincidencias estéticas cuando lo visitaba en su casa de Calaceite. El poeta catalán trazó algunas líneas sobre la repercusión de las traducciones de Dante y la introducción de Pessoa en nuestro imaginario, antes que intervinieran tres de los grandes interlocutores de Crespo, el crítico Josep Maria Balcells y los poetas manchegos Antonio Beneyto y José Corredor-Matheos

Beneyto sitúo sus coordenadas en el influjo de las vanguardias en el devenir artístico de la modernidad, cosa que fue aprovechada por Corredor-Matheos para relativizar el eco de la vanguardia en la obra más clasicista de Crespo, haciendo una distinción entre la superficialidad de las vanguardias francesas frente al contenido y la espiritualidad de las rusas. Por su parte, Balcells centró su comentario en las vertientes por donde se movió la poética de Crespo, desde el realismo mágico y un humanismo de fondo, que se caló de simbolismo para penetrar en una dimensión esotérica.

Los aspectos cosmopolitas, civilizados y urbanos del poeta de Ciudad Real fueron realzados asimismo en la segunda jornada, cuando el profesor Jordi Ardanuy insistió en la complicidad con otros creadores y su implicación en la historia de las diferentes generaciones que influyó, a través de su compromiso como maestro, traductor y poeta, también a una visión de la cultura “concebida con una marcada impronta espiritual”. Ardanuy coincidió con Balcells para fijar una base esotérica en su obra creativa, viendo un todo entre los diferentes aspectos que cultivo: “Al repasar el trabajo de Crespo como traductor, editor, estudioso y ensayista salta a la vista su interés primordial por autores que han tenido la voluntad de crear un mundo simbólico que aspira a ser una imagen totalizadora de la realidad. Y la finalidad de ese interés es revivir esa totalización para apropiársela reverencialmente”.

En este sentido fue también la brillante intervención del poeta leridano Jaume Pont, estudioso del postismo y especialista en Carlos Edmundo de Ory, uno de los primeros interlocutores artísticos del joven Crespo. Pont destacó   el discurso crítico eminentemente ensayístico, que atraviesa de principio a fin un saber enciclopédico, que vive del humanismo, la  literatura comparada y un europeismo, “que aglutina un interés transfonterizo por culturas, lenguas y literaturas diversas, con el lusitanismo y la lengua italiana como eje.” La aventura de conocimiento del poeta manchego fue acentuada por Pont como una búsqueda de la identidad a través de la lectura: “Leer críticamente es para Crespo releer y releerse desde el presente.” También fue notable la intervención de la poeta y editora Rosa Lentini cuando recordó los años con Crespo en la revista Hora de Poesía, que fundó su padre, el doctor Javier Lentini: “¿Qué queremos decir cuando hablamos de crítica como relectura, y qué era para Ángel Crespo la escritura, ya fuere poética, narrativa o crítica sobre la que no hacía distingos? Un lugar amenazado.” La aventura de las palabras, la artesanía y la especialización fueron aspectos realzados por Rosa cuando afirmó que “todo artista es artesano de su lenguaje y tiene asimismo la obligación de escribir a la mayor altura estética posible, y Crespo nos incitó a ello ilustrándonos con su ejemplo.”

En el segundo bloque de la segunda jornada, José Francisco Ruiz Casanova destacó el ingente tiempo que Crespo dedicó a la lectura antes de la disertación de Clara Janés sobre la traducción desde una perspectiva más general. Combativo, el poeta aragonés Ángel Guinda no pudo obviar el esfuerzo que hizo Crespo por la fabla antes de denunciar la muerte por inanición de la única casa del traductor que había en España, en Tarazona.

Emocionado, Guinda recordó los puentes de diálogo con Salvador Espriu y dibujó un retrato de Crespo por “su bonhomia campechana, su magisterio literario, sus consejos impagables y su generosidad como puente hacia otras culturas.” La intervención de Guinda estuvo plagada de pequeñas joyas: “La traducción es una excavadora que derriba fronteras entre lenguas”; “La traducción es una cirugía estética en un trasplante de vida” o “El traductor de excelencia (como lo es Ángel Crespo) aborda un proceso de inmersión en la lengua de origen, en la vida, historia  de la época y en la obra del autor a traducir y afronta otro proceso de emersión a la lengua de destino.”

Visiblemente emocionada, Pilar Gómez Bedate, durante décadas compañera y cómplice de Crespo, agradeció las jornadas y centró la clausura en la relación del poeta con Cataluña, desde que en su ciudad natal, en la infancia, oyese a unos vendedores de calcetines hablar en una lengua que desconocía. Esos calcetines evocados, los conectó Bedate con la polémica que se produjo con el calcetín de Tàpies en el MNAC, que Ángel no pudo ver instalado. Desde los años cuarenta cuando Crespo conecta con los postistas Chicharro, Ory y Sernesi, los jóvenes revolucionarios buscaron en Dau al Set otro referente peninsular. Guinovart, Barral, Foix, Espriu, Perucho, Cabral de Melo, Arderiu, Riba, Romà Vallès, Maria Girona, Ràfols Casamada, Giménez Frontín y Corredor-Matheos fueron, asimismo, recordados por Bedate, que situó un punto de inflexión con Cataluña los años en que Juan Ferraté le aceptó el reto de una nueva versión de la Comedia de Dante.

Los exilios, los años  de Puerto Rico -con la inmersión en la edad Media en un país sin historia en comparación con a vanguardia en que militó en Europa- y el regreso fueron diseccionados por Pilar en una intervención en que su amor quedó a la altura de sus palabras. Las anécdotas con la afición por las pipas que mantenía con Martí de Riquer y los libros con Seix Barral, Dante y Pessoa, pero también la primera gran antología de su obra poética, En medio del camino, tuvieron un papel predominante, así como sus clases en las UB,  UAB y en la Pompeu Fabra, donde fue el primer emérito, gracias al rector Rafael Argullol.

Nunca estaremos suficientemente agradecidos a nuestro Ángel. Cada año, una de las principales citas de la asociación es el premio de traducción que lleva su nombre. Nos hubiera gustado un acto multitudinario, pero la buena acogida de las jornadas y la calidad de las mismas, seguramente nos llevaran a proyectar de nueva la excelencia de Crespo, nuestro ángel preferido. Sólo estamos ante un punto y seguido.  

 



   
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