Viernes, 10 de julio de  2020



Català  


Lluís Cabrera, V Premio J-L Giménez-Frontín. Glosa de Valentí Gómez i Oliver
Valentí Gómez i Oliver3/12/2014



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Muchas gracias por su presencia, hoy, aquí, en este acto de entrega del premio José Luís Giménez-Frontín, en su quinta edición.

Seguidamente, haré la glosa del galardonado, el señor Lluís Cabrera, nacido en Arbuniel, un delicioso pueblecito en medio de la sierra de Mágina, en la provincia de Jaén, en 1954.

No quiero que me suceda aquello que nos explica Agustí de Hipona, refiriéndose a una de las preguntas que más ha inquietado al ser humano desde la Revolución Cognitiva: el tiempo. Nos dice Agustí en las Confessions, ¿qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé. Si lo quiero explicar a alguien que me lo pregunta, entonces no lo sé ”. Ahora tengo que explicar breve y resumidamente qué ha hecho y porqué la ACEC le otorga a Lluís Cabrera el premio JLGF.

En lugar de hacer una exposición vital diacrónica de este “otro andaluz” —es el título del libro-manifiesto publicado en 2006, Els altres andalusos La qüestió nacional de Catalunya, Esfera de los Libros, escrito con los miembros de la asociación “Altres andalusos”—   propongo cerrar los ojos y viajar al Oriente,  al mundo de los chamanes iraníes, los cuales dieron a la religión mazdeista los tres estadios de la mencionada fe,  eran: humat, los buenos pensamientos, bien cerca de las estrellas; después huxt, las buenas palabras, bien cerca de la Luna y finalmente huwarsht, las buenas acciones, bien cerca del Sol.

Haré, pues, una breve mención al pensamiento, a las palabras y a las acciones de Lluís Cabrera. Lo haré, obviamente, de manera sinecdòtica — una parte iluminará el todo— y como cambiar es de sabios, empezaré por el tercer peldaño: las acciones.

Dice el estudioso Marius Schneider, cuando habla del espíritu del cosmos, en  su monumental libro El origen musical de los animales-símbolos en la mitología y la escultura antiguas (ensayo histórico-etnográfico sobre la subestructura totemística y megalítica de las altas culturas y su supervivencia en el folclore español), CSIC, Barcelona, 1946, comentario que recoge el poeta Juan Eduardo Cirlot en su Diccionario de Símbolos, que “el espíritu del cosmos es el sonido”. Y el sonido ha sido una de las palabras-guía de buena parte de las actuaciones de Lluís Cabrera. Además de su actividad política y social, de joven, en varios barrios de Barcelona (Nou Barris, Trinitat) con anécdotas como la sorpresa de la policía que lo detuvo en una manifestación en los años 70 y en la comisaría se empecinó en contestar en catalán al ser interrogado: “y tú, andaluz de Jaén, ¿en qué idioma hablas?”; a principios de los 70 dio impulso a la Peña Flamenca “Enrique Morente”, artista que fue uno de sus mejores amigos. En 1979 fundó el Taller de Músics (en medio de la Barcelona degradada de entonces, el Raval)  una de las escuelas más interesantes en cuanto al jazz, al flamenco y a la idea de la fusión y la armonía de las diversidades musicales (aparentes) y uno de los centros, a nivel nacional e internacional, con más futuro en cuanto a la creatividad musical y artística. Son numerosos los artistas, músicos y cantantes que han salido de este extraordinario Taller. Cómo no podía ser de otra manera, el espíritu creativo lo rodea y en 2005 Cabrera graba l’Home das Bubas, una “inclasificable y densa variante de spoken word, la de los otros andaluces, la de los mestizos catalanes” (una de sus ideas-guía).

En segundo lugar, las palabras. La obsesión por escribir— aquel mestiere di vivere del cual nos habla Cesare Pavese— es para Lluís Cabrera una necesidad absoluta. Superando su innegable pudor ‘autocrítico”, participa en 2006 en el libro manifiesto, Els altres andalusos,  ya mencionado. Se incorpora al trabajo de investigación y en 2009 se publica Fabricar l’imigrant, Pagès editors, el segundo libro de la asociación “Altres Andalusos”. (Asociación, cuyo nombre mira de reojo el fundamental libro de Paco Candel “Los otros catalanes”). Siempre en la línea de investigación del concepto de emigrante — hay que recordar lo que dice John Berger sobre el significado de la palabra “emigrar”: “desmantelar el centro del mundo y, consecuentemente, trasladarse a otro perdido, desorientado, formado por fragmentos”—  publica en 2010 un ensayo provocador Catalunya será impura o no serà, Editorial Pórtic, título que recuerda el famoso libro del obispo Torres y Bages. Es también coautor de dos ensayos: Generació Barcelona, Ed. La Magrana, 2011 y Por qué volem un Estat propi, Pagès editors, 2012. Este año, 2014, se presenta a la 63a. edición del Premio Planeta, con la novela La vida no regalada de Lorenzo Almendro, autobiográfica, ¿me pregunto? Se presentan 453, novelas, y La vida no regalada…es  una de las diez finalistas y queda en quinto lugar. Pas mal, Cabrera, sin tener agente ni conocer a nadie.

Para cerrar, me referiré a su pensamiento.

“A buen paso va / durante la noche un caminante. Junto cono él marchan /altos montes y sinuosos valles. Hermosa es la noche./ Sin pararse avanza, / su camino lleva no sabe adónde…

Friedrich Nietzsche, El caminante, Poesía Póstuma, 1876

Sucedió que un niño de diez años llegó a Barcelona desde Arbuniel y  fue a vivir a Nou Barris, su pensamiento se manifestó como un pensamiento autónomo, crítico y amante de la pasión por el conocimiento y el saber. En la escuela,  su compañero de pupitre era el único niño que tenía un apellido “diferente” de los otros: un apellido catalán, creo que era  Puig. Y quedó fascinado por aquella lengua que hablaba  Puig con sus padres,  tan diferente a la de los otros compañeros. La aprendió. Y desde entonces reflexionó sobre su nueva situación vital. El comunicador Joaquim Maria Puyal, en su excelente pregón de las Fiestas de la Merced del 2011 dijo: “Invoco el respeto por las culturas y por las costumbres de todo el mundo y también la solidaridad con los otros pueblos y  grupos culturales y, particularmente, en nuestro caso, con los derechos de los inmigrantes que viven la gran pena de  abandonar su tierra, a veces también a la familia y a los hijos para buscar un lugar donde ganarse la vida…”. Una apostilla de  Cabrera a la palabra inmigrante: habría que decir "desplazados por pertenecer al bando perdedor en el desenlace de la guerra civil”.

Alrededor de esta problemática ha desarrollado todo su trabajo teórico-práctico: sus libros, sus conferencias, su ejemplo como activista cultural, la pasión por la música, por la pedagogía musical, por la investigación de los sonidos, la denuncia de las injusticias sociales, económicas, políticas y, en definitiva, vitales. Vale la pena leer — reflexionando y discutiendo, si se tercia—  muchas de sus propuestas, osadas para unos, llenas de sentido común para otros. En uno de sus últimos escritos, “Extrema dureza, difícil penetración” nos dice: “Cataluña es de todos y que entre todos vamos a seguir construyéndola para que no pare la obra, única manera de que nadie se apodere de la nación. Aviso a navegantes: uno deja de ser inmigrante el mismo día que deja la tierra de nacimiento y en el mismo instante que llega al nuevo espacio…”

En este espacio,  la ACEC,  he propuesto un abanico de su visión del mundo, de su talante. Creo,  sinceramente, que no me tildaréis de exagerado si afirmo que todo lo que he dicho hasta ahora, bien poco,   justifica la concesión del premio JLGF a la singular figura del músico, escritor, activista cultural y gentilhombre, Lluís Cabrera.



   
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