Viernes, 3 de julio de  2020



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Eduardo Mendoza es el ganador del Premio Cervantes 2016, el máximo galardón de las letras españolas
David Castillo1/12/2016



(Foto:em)
 

El humor y la bonhomia unen la obra con la personalidad del escritor.
Algunos estudiantes de los años setenta habíamos quedado literalmente boquiabiertos ante los conocimientos que Eduardo Cervantes tenía de la literatura picaresca, y también del Siglo de Oro. Es un aspecto desconocido, o eclipsado, de un novelista penetrante, y a la vez escéptico con el género, capaz de entender Tolstoi mejor que ningún filólogo.

Después de una temporada existencialmente complicada, Mendoza toca la cumbre de las letras castellanas con un Cervantes que, según el premiado del 2008 Joan Marsé, “se lo merecía desde hace tiempo”. En declaraciones a lo Agencia Efe, Marsé ha aseverado que se alegra “muchísimo, pero muchísimo” que haya sido Mendoza el reconocido con el galardón más importante de las letras hispanas. Según su parecer, el autor de La verdad sobre lo caso Savolta es el artífice de “una obra muy seria” a lo largo de toda su trayectoria. Capaz de introducirnos en una compleja trama de los años del pistolerismo, por ejemplo, o situar en clave picaresca a los antihéroes de los primeros tiempos de su obra, Mendoza conectó con un público amplio, que devoramos las novelas del primer ciclo, iniciado el 1975 con La verdad sobre lo caso Savolta y que continuó con El misterio de la cripta embrujada (1979),  La ciudad de los prodigios, el 1986.

Sólo con esta tetralogía ya habría pasado a la historia de la novela de la segunda mitad del siglo XX, pero después de hablar de diferentes crisis creativas, el narrador buscó otros estímulos, como por ejemplo los del desternillante Sin noticias de Gurb, del 1990, más o menos por los mismos meses en qué hizo su incursión al teatro en catalán con Restauración.

Nacido en Barcelona el 1943, Eduardo Mendoza Garriga ha sido premiado, según declaraciones de los portavoces del premio, “por haber inaugurado el 1975 una nueva etapa en la narrativa española, volviendo al lector el goce por el relato, con una lengua literaria llena de sutilezas e ironía”. La ironía es uno de los distintivos de su personalidad. Con una sonrisa permanente, incluso en las circunstancias más adversas, Mendoza es un señor de Barcelona, que seguramente se habría convertido en un homenot de Josep Pla. Combina como El laberinto de las aceitunas (1982) y se cerró con La ciudad deingú l'humor i la bonhomía.

El nombre del galardonado ha sido anunciado por el ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, en la sede de la secretaría de estado de Cultura después de la reunión del jurado, que ha necesitado cuatro votaciones para elegir el nuevo premio Cervantes. Según el jurado, Mendoza abrió una nueva etapa narrativa con la publicación, el 1975, de La verdad sobre lo caso Savolta, una novela con la cual volvió también a los lectores “el interés por la historia que se explica”, y que ha mantenido a lo largo de su carrera: “En la estela de la mejor tradición cervantina, posee una lengua literaria llena de sutilezas e ironía, cosa que el gran público y la crítica siempre supieron reconocer, además de su extraordinaria proyección internacional.”

El Cervantes se une a un largo currículum de galardones, entre los que destacan el premio al Mejor Libro Extranjero de Francia, el Ciutat de Barcelona, el Planeta y el de la Generalitat de Cataluña, entre otros muchos.



   
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