Jueves, 16 de julio de  2020



Català  


Asamblea General de 2017, memoria del Presidente de la Asociación
acec8/3/2017



(Foto:gm)
 

Tengo el placer de darles la bienvenida a la Asamblea General y, siguiendo el precepto estatutario, de hacer un sucinto balance de las actividades, expectativas y propósitos del ejercicio presente.

En ocasiones anteriores nos hemos visto abocados a un discurso poco entusiasta con el panorama del futuro inmediato –sin pensar en el más lejano–, y en esta ocasión nos place constatar que, tal como les explicaré a continuación, a pesar de que en muchos ámbitos y aspectos de nuestras actividades la realidad no invita al optimismo, en otros podemos anunciar que se divisa la luz al final del túnel. Y que los efectos de esta buena nueva, no como los de algunas de las anunciadas por nuestros gobiernos, sí que serán perceptibles y apreciables por todos, y no sólo por quienes bregan en los despachos.

Empezaré, si me lo permiten –emulando el poema de Brecht–, por las cuestiones para las cuales desgraciadamente todavía no hemos encontrado solución. Continúa un problema constatado desde la ACEC en más de una ocasión: las letras catalanas están en una posición de inferioridad y de indefensión ante las enormes tensiones de intereses del mundo actual, y  por lo tanto han de ser objeto de una discriminación positiva clara, contundente y decidida por un lado; del otro, todos los ciudadanos de Cataluña tienen los mismos derechos y prerrogativas, a pesar de que no lo parezca en más de una alta instancia directamente dependiente de los poderes del Estado. Retomamos así una cuenta pendiente de nuestros últimos años de gestión, y que viene de lejos: los escritores que no utilizan el catalán  deben tener acceso a las becas y ayudas para la creación literaria y para la traducción. Desgraciadamente, las instancias administrativas a las cuales nos hemos dirigido, más allá de las buenas maneras y palabras, han mostrado una nula sensibilidad sobre el caso. De dónde tienen que salir los recursos necesarios es una cuestión delicada en la situación actual, pero tenemos que continuar creyendo que no hay nada irresoluble si todas las partes responden con sentido común, entendimiento y buena voluntad. 

El año pasado les hablaba de las expectativas inmediatas en referencia al estatus de CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos), y hoy, a pesar de que imagino que quienes de ustedes hayan seguido el caso en la prensa ya estarán al corriente, me complace anunciarles que gracias a las directrices europeas de obligado cumplimiento, la mencionada entidad de gestión se regirá de nuevo por la normativa dentro de la cual fue creada. Y que, por lo tanto, se recuperarán los ingresos correspondientes a la copia privada, actualizados a los nuevos apoyos tecnológicos, hecho que repercutirá en los ingresos correspondientes a las entidades que forman parte, la ACEC entre ellas. La mejora de las aportaciones empezará este año, pero será a partir del año que viene que la ganancia será sustancialmente apreciable. Ni el país ni el mundo están para triunfalismos, pero me parece una muy buena noticia que la Asociación –además de otras– vea la luz al final de un túnel que nos ha tenido, hay que decirlo explícitamente, al límite de la extinción como entidad. 

La aportación de la ILC (Institución de las Letras Catalanas) se mantiene tal como estaba, hecho que también hay que considerar un dato favorable, y se ha retomado, a pesar de que lo hace de momento en forma de aportaciones puntuales sobre una actividad concreta, la colaboración con el ICUB (Institut de Cultura de Barcelona), dependiendo del Ajuntament de la ciudad. La actividad, este año, ha sido una mesa redonda  «La Literatura ante la transformación de Barcelona.» 

Con la nueva situación, estamos en condiciones de mantener los servicios de la Asesoría Jurídica, y consolidar las prestaciones de la página web. 

Han seguido las actividades de los ciclos «Escritores en Red» y «Voces Nuevas», y uno  nuevo, «Caos». En una serie conjunta con el Ateneu Barcelonès, «Llegir en català», la AELC, la AJELC y el PEN Català, se han organizado tres mesas redondas sobre «Amor y literatura»; e, incluido en la Setmana de poesia de Barcelona, un acto sobre «Poesía y anarquismo». 

Dentro de las actividades anuales de más largo alcance, se han celebrado las XV Jornadas Poéticas dedicadas a «La poesía árabe y judía. Tradición y actualidad», y se han concedido el XIX Premio de Traducción Ángel Crespo a Celia Filipetto por la traducción del italiano de La niña perdida, de Elsa Ferrante, y el VII Premio José-Luis Giménez Frontín a Joaquim Marco. 

Volviendo para acabar al ámbito general, podría repetir lo que dije el año pasado sobre la indigencia intelectual y de objetivos de unos gestores culturales, sobre las políticas desorientadas, titubeantes y faltas de contenido que sufrimos. Alguien dijo que cultivar las severas disciplinas del espíritu es como nadar contra la corriente: si no se avanza se retrocede. Aunque se nos quiera vender lo contrario, les aseguro que hay muchos países en el mundo, y algunos muy cerca, donde se avanza. Aquí también retrocedemos cuando aumenta la diferencia con las culturas vecinas, y el reto es nadar contra la corriente con más energía que nunca, porque por poco que se consiga, siempre habrá sido algo. El mensaje final no osa ser de optimismo, que como concepto puede parecer incluso grotesco dentro de la zozobra general de la gestión de las letras, y de la cultura en conjunto, pero sí de una razonable tranquilidad. Esperamos la consolidación y la ampliación de las mejoras estructurales para el año que viene.
 
MdP
B., 7 de marzo de 2017


   
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