Viernes, 10 de julio de  2020



Català  


La poesía de Mª Ángeles Cabré, en Voces nuevas
24/5/2012



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En la sesión del mes de mayo de Voces Nuevas, Concha García, poeta y narradora, presentó a Mª Ángeles Cabré como poeta.

Mª Ángles Cabré, que ya es conocida como narradora (El silencio) y por su labor de crítica literaria y traducción (entre otros poetas, ha traducido a Eugenio Montale, Oscar Wilde y Gabriel Ferrater, del que también ha publicado una biografía), acaba de publicar su primer poemario, Gran amor, de ahí que "en este sentido sea también una voz nueva poética", como explicó Albert Tugues, coordinador del acto.

Después de la presentación de Concha García, que dijo preferir "entrar en diálogo con la autora más que presentarla", Cabré recordó las tertulias del bar Bauma donde conoció a Concha García y a otros poetas, y luego inició su lectura con unos poemas de la plaquette Si la distancia existiera, cuyo título se relaciona con el de su próximo poemario, Si se calla el canto, que se publicará en breve en la col. El Bardo, como anunció su editora, Amelia Romero, presente en el acto.

De su primer poemario recién editado, Gran amor, "donde se incide más en el desamor que en el amor", como indicó García, la autora leyó los poemas Mi casa, mi desvelo y Soy (que ofrecemos en nuestra selección poética), así como un fragmento de un largo poema, Alguien, "cuyos versos, de tono coloquial, podrían parecer extraídos de una conversación", explicó la autora. También leyó la plaquette de poesía en lengua catalana, L'estigma del trist (aquí se comentó que su poesía escrita en catalán es más simbólica y metafórica que la escrita en castellano, ésta más narrativa y conversacional).

Por último, la poeta ofreció un avance de su próximo libro, Si se calla el cantor, donde se expresa la necesidad del canto, la búsqueda del cantor y de una voz que se convierta en canto.

En el posterior diálogo con la autora y el público, Concha García señaló la presencia de lo cotidiano en su poesía, en la que, sin embargo, dijo, "permanece el lenguaje del misterio, como si el sujeto poético, al ir construyéndose en el poema, avanzara por un pasillo iluminado y de pronto una cortina tapara la luz". Preguntada por su poética, Cabré dijo sentirse "más próxima a la poesía cotidiana, existencial, de José Agustín Goytisolo, por ejemplo, que a la de José Ángel Valente, más filosófica y mística". Comentó que el título de su poemario, Gran amor, es en realidad un homenaje al libro de José Agustín Goytisolo, A veces gran amor

Y se cerró el acto con la animada participación del público. 

En la próxima sesión de Voces Nuevas, el 13 de junio, María Cinta Montagut presentará a Mercè Falcó.

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SELECCIÓN POÉTICA

Mª ÁNGELES CABRÉ (Barcelona, 1968) es escritora, traductora y crítica literaria. Ha publicado la novela lírica El silencio (Caballo de Troya, 2008) y el libro de poemas Gran amor (Egales, 2011), así como un libro de aforismos de Quevedo, otro de Oscar Wilde y una biografía del poeta Gabriel Ferrater, de quien ha traducido al castellano su poesía completa. Colabora con sus artículos en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia y en la revista Letras Libres, así como en la agencia de noticias con visión de género La Independent y en la revista cultural Agitadoras. En otoño del 2012 publicará su segundo libro de poemas, Si se calla el cantor.

Blocs: 

Bibliomanía
Yo y mis circunstancias (blog poético)
Pienso, luego existo (blog de opinió)

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MI CASA, MI DESVELO

Mi casa tiene dos camas, dos sofás, tres mesas de interior y una de jardín, doce sillas, un sillón ergonómico, tres armarios de dos cuerpos, dos baños, dos ventanales y siete ventanas, unas cuantas puertas (quizás nueve), unas cuantas estanterías (quizás quince), un aparador, una mesa baja, tres mesillas de noche, tres lámparas de pie, una televisión, un equipo de música, un ordenador, dos bicicletas, una cocina con una nevera y un lavaplatos, también una lavadora y un tendedero, así como una máquina de cortar el césped. Ah, y dos tumbonas donde pasar el verano, y también un buzón.


Se supone que con estos elementos tendría que ser capaz de escribir una historia.

Y sin embargo, no puedo: un nudo me atenaza la garganta porque tú no estás.

Suena de un cursi incurable, pero no puedo evitarlo.

Que me disculpe quien tenga que disculparme.

Por suerte tengo poca tendencia a las lágrimas, pero tú sigues sin estar.

Te marchaste, o te eché, o ambas cosas. La cuestión es que no estás.

Tampoco sé si es probable que vuelvas.

La carpintería tiene esos caprichos: las puertas se abren y se cierran.


Ahora debería decir que te echo de menos.

¿Pero para qué, si no vas a oírme?

Es probable que estés muy lejos.

La literatura autobiográfica tiene un peligro inmenso: una corre el riesgo de llegar a sentir cosas sólo por haberlas escrito.


Tengo un poco de hambre y voy a la despensa.

No todas las galletas de la caja son iguales.

Elijo siempre las más esponjosas, las que llevan más mantequilla, en forma de lazo.

Desde la ventana miro el jardín.

El pajarillo verdoso se ha vuelto a posar en el mismo lugar del brezo.

La cortina exterior se mece a causa del viento.

Le doy un par de sorbos al zumo.

La escritura automática es la expresión de la pereza.

No pasaría nada si me sobreviniera un ataque de amnesia y olvidara todo lo que estaba a punto de escribir en este instante.


Soy alguien que se pierde de vez en cuando.

Soy alguien que a ratos se busca.

Soy alguien que sólo muy de vez en cuando se encuentra.

Quizás me encuentres tú.

Pero eso será imposible si tu marcha ha sido definitiva.


¿Cómo saberlo?

¿A quién podría preguntárselo?

Acaso esté la respuesta dentro de mí misma.

Los caminos de los sentimientos son inescrutables.

Y el cielo empieza, por momentos, a dejar de ser azul.


Si anochece, es que el día ha pasado deprisa.

O que me he levantado tarde.

Antes que anochezca es el título de un libro de Reinaldo Arenas.

El tiempo no pasa igual en todos los relojes.

Y las anécdotas de la jornada siempre dejan huella.

Pero está claro que no todos somos inocentes.

Aunque hubo un tiempo en que las horas parecían eternizarse.

¿Por qué será que los niños tienen siempre la costumbre de caer rendidos?

Cuando las rutinas se afianzan, es que estás muerta.


Dejaré que caiga la tarde como caen las hojas de los árboles.

Será más fácil que resistirse a su curso.

Las campanas sonarán en el campanario con rigurosa puntualidad.

Un par de bicis atravesarán la calle y se oirán las voces alejarse.

En los detalles reside siempre el encanto de la transformación.


ESTOY MUY TRISTE

Estoy muy triste.

Se me devanan los sesos en un intento vano por alcanzarte.

Otra vez.

Por enésima vez en este mes.

Daría lo que fuera por no haberte perdido.

Mi mano, mi muslo, el coxis, aquello que no tengo,

hasta los recuerdos que no son míos.

Doliente,

me apropio de lo que no fui.

Y paso a ser yo dos veces,

la que quise y la que odié.

De lo que fui ni me acuerdo,

tal es la mordedura de la serpiente.

¿Qué hacer ahora con la cicatriz que ostento?

La que paseo ignara por el mundo traidor que me dejaste.

¿Por qué no te llevaste contigo el desespero?

¿A qué viene sufrir siempre dos veces?


SOY

Soy la mujer que lee un libro al día.

La que escribe algunas páginas.

La que dejó de amar.

La que amó intensamente, hondamente.

La que no pasó el Rubicón.

La que cultiva la tristeza.

La que gusta del silencio.

La que bebe en soledad.

La que duerme infinidad de horas.

La que piensa al despertar.

Soy la mujer que tú querías.

La que dejaste de querer.

La que te dio la vida.

La que no teme la muerte.

La que llora por cualquier cosa.


(de Gran amor, Barcelona/Madrid, Egales, 2011)





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