Sábado, 5 de diciembre de  2020



Català  


Corta caminos esta noche, o rosas
M. CINTA MONTAGUT3/3/2014


Se nos ha ido este fin de semana Ana María Moix y todos nos preguntamos “¿Por qué abandonar las casas y vagar por las calles hasta dar con aquel recóndito lugar abandonado donde las orquestas se habrán convertido en musgo y los músicos en mariposas muertas?”.

Ana Mª ha abandonado su casa tal vez para acompañar en su viaje al dulce Jim, ese hombre triste que tenía un barco Alegre con el que navegar.

Con ella se va además de una gran escritora, poeta, novelista, editora, un espíritu crítico que analizaba con sus palabras como navajas afiladas el mundo contemporáneo. En sus artículos criticaba abiertamente la pérdida de valores fundamentales como la solidaridad, la justicia social, la libertad. Lúcida y comprometida no levantaba la voz al hablar pero sus palabras resonaban como gritos desde las páginas de los periódicos en los que colaboró a lo largo de su vida desde el extinto Tele/Exprés a El pais o Público.

Nos deja una obra literaria que comenzó en los años sesenta con las Baladas del dulce Jim, libro de poemas en el que están presentes los ecos del Jules et Jim  de Truffaut. Ha querido el destino que otro cineasta de la nouvelle vague cuya obra fílmica debe mucho a la literatura se vaya con ella. Alain Resnais y Ana Mª Moix. Cine y literatura.

A ese primer libro de poemas le siguieron Call me Stone  y No time for flowers  y su primera novela Julia en la que trazó un retrato implacable de la burguesía barcelonesa. Y después relatos como Las virtudes peligrosas y otras novelas como Walter ¿por qué te fuiste? o Vals negro.

En su Manifiesto personal, su última obra, expresa toda la indignación que le produce el mundo en que vivimos, la corrupción, la caida en picado de la cultura, el abandono de la educación como valor inalienable, la pérdida de dirección del socialismo en el que seguía creyendo a pesar de los propios socialistas.

Ana Mª Moix era también un poco nuestra. En el año 2011 recibió el premio honorífico José Luis Giménez-Frontín por su contribución al entendimiento entre las culturas catalana y castellana que durante siglos han convivido en paz en Cataluña, igual que hizo siempre nuestro primer presidente que da nombre al premio.

A lo largo de su vida recibió otros premios importantes como el Ciudad de Barcelona en los años 1985 y 1995 o la Creu de Sant Jordi en 2006.

Adoraba a los perros, en particular a su coquer, y pasear contemplando el mar de Cadaqués que le otorgó también un premio literario.

Amiga de sus amigos a los que quería y admiraba, como Carlos Barral o Jaime Gil de Biedma, entre muchos otros, con ella se va toda una época, el mundo literario de una Barcelona brillante y cosmopolita en la que lo importante era escribir y ser testigos de su tiempo.

Descanse en paz. Definitivamente today is no time for flowers.




   
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