Miércoles, 2 de diciembre de  2020



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XV Jornadas Poéticas. Periodismo y Poesía. Tomás Alcoverro, entre la palabra hipotecada y la esencial. Teresa Costa-Gramunt, José Antonio Arcediano y Jordi Nopca.
Matías Néspolo20/12/2014



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Más que una conferencia inaugural, la de Tomás Alcoverro, el decano de los corresponsales extranjeros en Oriente Medio –para jugar con el título de  la recopilación publicada en 2006, El decano. De Beirut en  Bagadad: 30 años de crónicas – fue una clase magistral. El veterano y premiado periodista de La Vanguardia abrió ayer las XIII Jornadas Póeticas de la ACEC (Asociación Colegial de Escritores de Cataluña) en el Aula Josep M. de Sagarra del Ateneu Barcelonès prescindiendo de la pautada lectura con una hora larga de amena e intensa ponencia en la que sentó cátedra sobre el eje temático del encuentro, la siempre compleja, cuando no conflictiva relación entre la poesía y el periodismo.

Ante un público cautivo y en un tono desenfadado plagado de anécdotas y recuerdos, Alcoverro desovilló poco a poco su larga trayectoria profesional, desde sus primeros pasos en el periódico ABC con artículos literarios sobre Joan Perucho y J. V. Foix hasta sus más de cuarenta años como “corresponsal atípico” desde Oriente Medio para La Vanguardia y su estrecha relación afectiva con su segunda ciudad: Beirut.

Y el abogado de formación que llega al periodismo “porque quería escribir” consiguió plantear en ese recorrido el meollo del asunto, el punto de necesario encuentro entre la “palabra periodística de batalla, hipotecada por la actualidad y de cocción rápida” y “el riesgo permanente” de la poesía que definió como “el lenguaje de los dioses” o, de la mano de Antonio Machado, como “la palabra esencial en el tiempo”.

Y ese punto de encuentro es para Alcoverro la crónica, tal y como él la practica: “Un género reciente en el que pueden habitar esas dos dimensiones de la palabra”, apuntó. La crónica que “permite aportar los matices”, que marca “la diferencia con la información en la dictadura de la instantaneidad y el periodismo espectáculo” y que, al igual que la poesía, se empeña en “capturar lo efímero” en el tiempo y “expresar aquello que proviene de la emoción”, en este caso del cronista que aporta su irremplazable punto de vista. Un punto de encuentro además entre la palabra hipotecada de la información y la esencial de la poesía con el que Alcoverro desplegó una sugerente tesis con la que apuntalar la pervivencia de su necesario oficio en el nuevo milenio: “Estoy convencido de que la salvación de la prensa escrita pasará por la aportación de cultura y por ese amor a la palabra”, puntualizó.
Eso no quita, sin embargo que el conflicto entre esas dos dimensiones de la palabra, la poética y la periodística, permanezca latente entre los periodistas que aspiraron a conjugarla en sus crónicas como Kapuscinski o “González Ruano que murió en una enrome insatisfacción, a pesar del éxito, porque él quería ser poeta”. O viceversa, entre los poetas que se dedicaron al periodismo como Salvador Espriu, Josep Carner o J. V. Foix, a los que Alcoverro reconoció como sus maestros. “Una dicotomía que te quema por dentro”, confesó, “quizá Foix fuera el único que no sufrió”. Pero tampoco olvidó el corresponsal a sus compañeros de trinchera mucho más cercanos como Santiago Nadal, o el recientemente desaparecido Joan Barril, a quien le dedicó especialmente su conferencia.

Si la clase magistral de Alcoverro se llevó un cerrado aplauso del público, otro tanto consiguieron los tres poetas, Teresa Costa-Gramunt, José Antonio Arcediano y Jordi Nopca, que protagonizaron con la lectura de sus versos el segundo bloque del encuentro. Un público además exigente porque contaba con la presencia de verdaderos orfebres de la palabra poética como Jordi Pàmies o Eduard Sanhuja, entre otros.

Abrió fuego la diseñadora de ex libris y sutil poeta Costa-Gramunt que fue dosificando sabiamente la intensidad lírica de las piezas escogidas de menos a más hasta cerrar con tres poemas de su último libro Blau de nit a Praga (2014), en especial el titulado “És cosa certa” sobre los nombres que se llevó el Holocausto gravados en la sinagoga de la capital checa.

Subió el listón aún más el presentador de la Revista Parlada y secretario del Aula de Poesía de Barcelona Antonio Arcediano “haciendo el gamberro”, según sus palabras, con elegidos poemas de ácido y provocador sentido del humor de Los bosques de Wisconsi  y Todos los buitres comieron de mi mano para, una vez desarmado el público, asestarle el duró golpe de su contundente “Sub2”, una demoledora pieza de su último poemario Suburbio 16 con la que reconstruye la figura de su padre, fallecido de cáncer, a través de una fotografía en la que sostiene en brazos al poeta cuando era bebé.

Así las coordenadas, no lo tenía nada fácil el benjamín de la partida, el periodista del Ara Jordi Nopca, reciente Premi Documenta por los relatos de Puja a casa. Sin embargo el autor de la elogiada plaquette La ciutat de la justícia salió airoso cosechando su cuota de aplausos con media docena de poemas inéditos con los que Nopca invirtió con mérito el postulado de arranque de Alcoverro para demostrar que la poesía, además del lenguaje de los dioses, también puede ser “el lenguaje de las pulgas que expresa las suciedades y pequeñas miserias”, concluyó.



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