Jueves, 3 de diciembre de  2020



Català  


Seguimos vigilando
Álvaro Colomer2/3/2016



(Foto:lr)
 

Han pasado seis meses desde que nos pusimos en pie de guerra y, por el momento, hemos ganado algunas batallas. La primera bala la disparó el Ministerio de Empleo y Seguridad Social cuando inició una campaña de sanciones contra los escritores -y, en general, los artistas- que continuaban ejerciendo su oficio mientras cobraban la pensión de jubilación. Autores como Antonio Colinas, José Manuel Caballero Bonald, Antonio Gamoneda, Javier Reverte y, entre otros, Eduardo Mendoza fueron multados por dar conferencias o publicar libros tras haber alcanzado los 65 años, y se los amenazó con la revocación de sus pensiones si no cesaban en su empeño de seguir creando.

La prensa se hizo inmediatamente eco del asunto, pero el gobierno no consideró necesario inmutarse porque, en el fondo, suponía que los escritores, en su aislamiento y en su soledad, estaban desorganizados. Había encontrado a las víctimas perfectas: personal solitarias sin nadie que los defendiera. Pero, a mediados del pasado mes de noviembre, ese mismo Ministerio descubrió que había emprendido una guerra que habría de traerle no pocos quebraderos de cabeza. Porque resultó que los intelectuales españoles no eran un hatajo de excéntricos desconectados entre sí, sino un grupo de luchadores dispuestos a convertir sus estilográficas en armas de gran calibre. Acudieron a las asociaciones que velan por sus intereses, como la ACE, CEDRO y VEGAP, y formaron la Plataforma Seguir Creando, a través de la cual lanzaron un manifiesto que denunciaba la inmoralidad de un gobierno que pretendía acallar lo que tal vez sea el activo más valioso de un país: la inteligencia de sus ancianos.

La plataforma se reunió con los representantes de las principales fuerzas políticas y no sólo pidió el cese de la campaña emprendida contra los intelectuales jubilados, sino la derogación o reforma de la ley que los obliga a optar entre la creación o el cobro de una pensión por la que cotizaron durante toda su vida. Lógicamente, estas batallas se libraron en Madrid, ya que el Real Decreto Ley 5/2013 sólo puede ser modificado desde el Parlamento, pero eso no impidió que las dos asociaciones más importantes de Cataluña se pusieran igualmente en marcha. Así, la ACEC, que defiende a todos los escritores catalanes independientemente de la lengua en la que se expresen, consiguió el compromiso de Barcelona en Comú para llevar el asunto al Pleno del Ayuntamiento, y la AELC, que representa a los autores que emplean únicamente el catalán como lengua de trabajo, pidió a Democràcia i Llibertat que elaborara una propuesta no de ley para la mejora de las condiciones profesionales en el sector de la cultura.Todavía queda mucho para ganar la guerra declarada por el gobierno del Partido Popular contra los representantes más experimentados de la cultura española, pero la creación de la plataforma Seguir creando, así como la movilización de las organizaciones vinculadas al mundo de la creación, ha sido un golpe que nuestros dirigentes no esperaban.

De alguna manera, se ha puesto de manifiesto que la estrategia de atacar no a los más débiles, sino a los más solitarios, no servirá para silenciar la cultura, y al mismo tiempo se ha demostrado que atacar a los artistas de mayor edad no sólo es injusto, sino también deleznable. La guerra todavía no ha terminado, pero que nadie se lleve a engaño: desde nuestras atalayas, seguimos vigilando.

 

Artículo de Álvaro Colomer
El Mundo 2-3-2016



   
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