Martes, 1 de diciembre de  2020



Català  


En pos del legado de Miguel Hernández
Felipe Sérvulo14/5/2018



(Foto:)
 

El 3 de mayo un grupo de socios de la ACEC y de El Laberinto de Ariadna emprendidos un viaje a Quesada (Jaén) con idea de visitar el museo donde está depositado el legado de Miguel Hernández.


Para ello viajamos en el vetusto Talgo que hace la ruta Barcelona – Sevilla y pasa por tierras de Jaén. Es el histórico tren «El Sevillano», que tantas lágrimas, ilusiones y esperanza, ha transportado durante generaciones entre Andalucía y Cataluña. Escogimos Úbeda como lugar desde donde nos desplazaríamos para visitar el museo del poeta en Quesada y las otras ciudades de la comarca.


Visitamos la propia Úbeda, Baeza (ciudades Patrimonio de la Humanidad desde 2003) y Jaén, poblaciones donde el Renacimiento andaluz está espectacularmente presente en la obra de los arquitectos Vandelvira (Pedro y Andrés) y otros de sus discípulos que supieron traer el arte del cinquecento italiano a las tierras hispanas. Estas ciudades han conformado nuestro periplo por las tierras del «Santo Reino».


Aparte de visitar monumentos que nos han llevado al borde del síndrome de Stendhal (se puede sentir en cualquier rincón del mundo, donde la acumulación de belleza hace que no puedas asimilarla), hemos percibido la cercanía y el cariño de personas como Rocío Biedma, compañera de emociones y poesía, Rosa Valiente, directora del museo en Quesada, y Martín Paredes, quienes nos han brindado su tiempo de una manera ejemplar y generosa. Hemos experimentado, también, la emoción de estar en el aula donde Antonio Machado impartiera clases. Finalmente, hemos disfrutado de la obra del pintor Zabaleta en su propio pueblo. A través de sus paisajes y de sus gentes nos hemos emocionado con el profundo amor que les profesó.


A Rocío Biedma y a Rosa Valiente les entregamos sendas placas y a Martín, nuestro particular guía por la judería giennense, una reproducción de un dibujo de nuestro artista y amigo Antonio Beneyto, en prueba de agradecimiento y amistad.

A la vuelta, haciendo balance, el sentimiento general es que deberíamos repetir viajes y actividades de esta índole, ya que establecen puentes entre personas queridas y culturas cercanas.


Para terminar, si tuviéramos que escoger un instante de esos días para perpetuarlo para siempre, si eso fuera posible, nos quedaríamos con la increíble vista desde Úbeda sobre la campiña. Millones de olivos centenarios han sido testigos de tantos avatares de la historia y de una diáspora que no cesa. Allí, desde ese mirador y con los famosos «cerros» y al fondo Sierra Mágina, tan machadiano todo:


- ¡Montes de Cazorla, Aznaitín y Mágina! - .


Y no podemos por menos que recordar al poeta que nos ha unido para emprender este viaje y creer que algún día estas tierras tendrán por fin la justicia que merecen:


¡Cuántos siglos de aceituna, / los pies y las manos presos,/ sol a sol y luna a luna, / pesan sobre vuestros huesos!

 



   
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