Martes, 1 de diciembre de  2020



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Eduardo Mendicutti: “Es una majadería decir que no hay literatura homosexual”
1/2/2012

Entrevista


Eduardo Mendicutti (Foto:Carme Esteve)
 
El escritor y periodista Eduardo Mendicutti, que participó el pasado 27 de enero en las I Jornadas de Literatura Gay y Lésbica de la ACEC,  reivindica la existencia de la literatura gay y denuncia el rechazo que aún provoca esta definición. El autor considera que es muy importante defender los derechos de los autores frente a los "robos" que sufre la cultura.

- ¿Qué es la literatura gay? ¿Está mal entendida esta etiqueta?

- No me gusta la palabra “etiqueta”. Prefiero “definición”.  “Literatura gay” no es equivalente a “literatura erótica” o “literatura romántica”, no es un género o un subgénero literario. Es equivalente, por ejemplo,  a “literatura judía”.  Es la literatura que nace de la condición gay, de la experiencia gay, de la mirada gay, de la cultura gay, incluso del lenguaje gay. Y, por supuesto que existe la literatura gay, como existe la literatura heterosexual, y en el mismo plano. Que nadie hable de “literatura heterosexual” sólo significa que aún hay demasiada gente convencida de que sólo la literatura heterosexual es la que puede ser buena literatura y literatura para cualquier lector.

- ¿Perjudica al autor definir su obra así por el rechazo que puede producir en el lector heterosexual?

- Me temo que todavía sí. Produce menos rechazo en la lectora heterosexual. Pero la solución no puede venir de que el escritor homosexual repudie la definición: eso me parece humillante, servil, indigno, intolerable. Eso significa someterse al dictamen de quienes siguen considerando “lo homosexual” inferior, marginal, extraño, ajeno. Yo, lector homosexual, sería un imbécil integral si rechazara la literatura heterosexual porque “no va conmigo”. Igual de imbécil me parece el lector heterosexual que reacciona así frente a la literatura homosexual.

- ¿Para evitar precisamente este rechazo considera que es importante la visión académica sobre este tipo de literatura?

- Sí. Son necesarios los estudios académicos que aborden con rigor y sin prejuicios extraliterarios la literatura homosexual. Claro que para eso hay que empezar catalogando bien lo que es literatura homosexual y/o gay (habrá quien distinga): Proust, Gide, Mann, Auden, Spender, Genet, Highsmith, Yourcenar, Virginia Wolf, Cernuda, García Lorca, Penna, Withman, Gingsberg… son literatura homosexual. Pero sólo ahora empiezan a ser estudiados bajo esa definición. Cuando se haga como es debido, nadie volverá a repetir esa majadería de que no hay literatura homosexual, que sólo hay buena o mala literatura.

- Desde Tatuaje a su última novela, Mae West y yo, han pasado cerca de 40 años. ¿Cómo ha evolucionado su literatura?

- Pues me imagino que ha evolucionado como he evolucionado yo: desde la juventud a la madurez.  Durante esos 40 años mi literatura y yo hemos aprendido, hemos explorado, nos hemos arriesgado, nos hemos serenado, hemos acertado, nos hemos equivocado. Y hemos procurado no perder nunca el sentido del humor.

- ¿Cómo ha cambiado la aceptación por parte del lector de lo que habla en su obra?

- En relación con eso de “lo que hablo” en mi obra, este país ha cambiado mucho y no ha cambiado tanto. Por consiguiente, la aceptación de los lectores (y de los críticos, los estudiosos de la literatura, los suplementos literarios, los gestores culturales) también ha cambiado mucho y no ha cambiado tanto. De todos modos, lo que hay exigir es que la aceptación o no  del lector (y del crítico, del estudioso, etc.) se  refiera a los aspectos literarios del lo escrito, no a aquello de “lo que habla”.

- ¿Cuál de sus libros le recomendaría a un lector que no le haya leído?

- Ganas de hablar. No da las facilidades de El palomo cojo ni tiene la agresividad gay de California. Es una novela arriesgada, pero adorable. De verdad.

- Des de la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña no podíamos dejar de preguntarle su opinión sobre la complicada relación entre nuevas tecnologías y la vulneración de los derechos de autor.

- Cada vez parece más evidente que hay que defender los derechos de autor sin complejos. Las nuevas tecnologías facilitan el robo (hay que llamar a las cosas por su nombre), así que hay que esmerarse en la legítima defensa. Las leyes que defiendan los derechos de autor, cuanto más estrictas, mejor. Y seguro que hay una fórmula para que el autor, el editor, el intermediario (sea el que sea) y el lector asuman que hay que cobrar y pagar lo justo por el trabajo del escritor.
       
- ¿Cómo concienciar a la sociedad de que la cultura no es gratuita, que detrás de un libro hay un escritor que debe ser recompensado por su trabajo?

- En estas cosas la palabra clave siempre es “educación”. Bien educadas, a lo mejor las nuevas generaciones llegan convencidas de que la cultura no es gratuita. La responsabilidad de los educadores es enorme. Mientras tanto, a lo mejor vendría bien suspender durante una temporada las leyes que prohíben robar y que todos nos dediquemos durante ese tiempo a robarnos impunemente los unos a los otros. Quizás los que sólo consideran legítimo robar cultura escarmentasen.


   
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